La gobernanza de las ONG. Reflexiones en el Reino Unido.


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Imagen: Charity Commission for England and Wales

El marco en el que actuamos las ONG –tanto el definido por las autoridades públicas como el autoimpuesto por el sector- presenta diferencias entre unos y otros países. Pero también similitudes. En Energía sin Fronteras pensamos que es muy útil echar una mirada a lo que ocurre y se discute por ahí fuera; eso hacemos en este blog.

Las ONG británicas se dotaron en 2005 de un código (Good Governance: a Code for the Voluntary and Community Sector). Para actualizarlo y revisarlo, varias organizaciones constituyeron un grupo de trabajo, prepararon un borrador de nuevo código (Charity Governance Code) y, en noviembre de 2016, lanzaron una consulta para recoger comentarios, que ha estado abierta hasta febrero.

Las recomendaciones de este borrador y diversas reacciones y contribuciones que se han hecho públicas constituyen elementos interesantes para detectar cuestiones que preocupan al sector y movimientos en el entorno de las ONG en general, no solo las británicas.

Por José Luis Trimiño

En el Reino Unido, la supervisión pública la hace, sobre todo, la Charity Commission for England and Wales (en Escocia, el Scottish Charity Regulator y en Irlanda del Norte, su Charity Commission específica). Esta Comisión es la que registra las ONG y regula sus actividades.

Dentro del sector de las ONG británicas hay distintas agrupaciones y asociaciones de ONG. Podemos citar:

NCVO (National Council for Voluntary Organisations): asociación de ONG inglesas; más de 12.000 miembros.

Bond: agrupación de ONG (unas 400) del Reino Unido que trabajan en el desarrollo internacional. Miembro de CONCORD (Confederación Europea de ONG de desarrollo y ayuda humanitaria).

Para elaborar este nuevo código de gobernanza de las ONG (Charity Governance Code) se constituyó un grupo de trabajo compuesto por varias organizaciones (ACEVO, ICSA, NCVO, SCC y WCVA), en el que participa como observadora la Charity Commission. Este grupo preparó un borrador de código y, en noviembre de 2016, publicó una consulta haciendo una serie de preguntas. Estuvo abierta hasta febrero. El borrador, las preguntas y un resumen del resultado están accesibles en una página web específica (http://www.governancecode.org/consultation/).

Al hacer público el borrador, el grupo de trabajo señalaba una serie de recomendaciones a los patronatos de las ONG. El NCVO destacaba, en “Major overhaul for Charity Governance Code:

-Utilizar el código como una herramienta para la mejora continua.

-Promover una cultura de prudencia, pero entender que también es un riesgo el ser excesivamente precavido y rechazar correr riesgos.

-Asegurar que la ONG funciona de manera responsable y ética, teniendo en cuenta el conjunto del sector de voluntariado.

-Revisar regularmente el entorno externo y valorar si la ONG sigue siendo relevante. Considerar trabajar en alianzas, fusionarse con otros o incluso disolverse, si se ve que otros consiguen objetivos similares de modo más eficaz.

Y propone elevar el listón en una serie de cuestiones:

-Se exige cada vez más de los patronatos: composición, dinámica, comportamientos. Recomendaciones sobre el número de patronos, duración de los mandatos y examen de su desempeño.

-Papel del presidente.

-Miembros del patronato: fomentar la diversidad.

-Transparencia. Registro público de intereses.

-Que las memorias anuales de las ONG expliquen cómo se aplica el Código.

La Charity Commission expuso sus comentarios enNew code of governance consultation – a response from the Charity Commission for England and Wales.  Lo firmaba Sarah Atkinson. Mencionaba temas como:

-Se trata de un código del sector. La Comisión, como ente público, no tiene que apropiárselo ni que obligar a que se cumpla.

-Cumplimiento de obligaciones legales.

-Uso de recursos.

-Es el propio sector [de las ONG] el que tiene que asumir el liderazgo y apropiarse las normas de buenas prácticas.

-Un patronazgo eficaz va más allá del cumplimiento de las normas legales.

-Es crucial que los patronos entiendan su rol y sus responsabilidades legales.

-Hay que distinguir entre el cumplimiento básico de leyes y normas (tarea de la Charity Commission y otros) y niveles superiores de desempeño, buenas prácticas y excelencia.

-Los valores y los comportamientos son elementos clave. Las ONG tienen que establecer sus propias normas sobre qué es aceptable y las consecuencias de comportamientos inaceptables.

-Registrar los intereses; y hacerlo público.

-Cómo medir la eficacia de un patronato.

-Cómo tratar las relaciones de la ONG con empresas filiales y con miembros de un holding.

-A las ONG pequeñas les sería muy útil material de apoyo para poner en práctica las recomendaciones del Código (ej.: auditoría de capacidades, examen del desempeño del patronato…).

The Guardian se hizo eco de este proceso en el artículo Charities must get tougher over governance – even if it hurts”, de Richard Litchfield.

Litchfield considera que, aunque el Código tenga intenciones loables, no van a cambiar muchas cosas, ya que solo se trata de guías y recomendaciones. Se focaliza en el punto del Código que anima a las ONG a considerar si, para cumplir sus objetivos, no sería mejor fusionarse o asociarse con otras o disolverse. Afirma que, según el “Good Merger Index”[1], son pocas las ONG que se fusionan.

Sostiene que muchos patronatos esconden la cabeza bajo el ala, dan prioridad a la supervivencia de su ONG, no reconocen que los beneficiarios / usuarios quieren un servicio mejor y están menos diversificados que los consejos de administración de las empresas.

Admite que las ONG organizadas han crecido mucho, pero considera que su regulación y gobernanza no ha avanzado al mismo ritmo. La mayor parte de las preocupaciones de la gente vienen de una disyuntiva: o bien se ve a las ONG como no suficientemente profesionales para gestionar servicios complejos y arriesgados o bien como no suficientemente voluntarias, sino más interesadas en la propia organización y sus dirigentes.

Reclama un régimen más duro para las ONG, que les imponga más obligaciones, y que los patronatos y juntas directivas estén sometidos a más control. No considera eso como una camisa de fuerza, sino como algo esencial para la eficacia del sector.

De esto también se han hecho eco publicaciones especializadas estadounidenses. Es el caso de Non-Profit Quarterly, NPQ, en 5 Points of Practice: Getting Serious about Nonprofit Governance, de Kevin Johnson.

Destaca cinco recomendaciones, que coinciden mucho con las del NCVO:

-Ayudar a los patronatos a ser prudentes, pero sin olvidar que la aversión al riesgo es un riesgo.

-Examinar regularmente si la actividad de la ONG sigue siendo relevante -¡el mundo cambia!-.

-Mayores exigencias acerca de la composición, código ético y mandato de los patronos.

-Rol del presidente: promover el buen gobierno.

-Apertura y transparencia sobre las actividades y los resultados. Pero también sobre los intereses de los patronos y de los directivos.

Propone que las ONG estadounidenses tomen en cuenta esta actualización del código de las ONG británicas; son recomendaciones valiosas para responder a las expectativas, cambiantes, de los financiadores, del sector público y, sobre todo, de aquellos a quienes quieren dar servicio, los beneficiarios o usuarios.

Pues eso. Apliquémonos también el cuento. Pensemos en ello y saquemos nuestras propias lecciones.

CC BY-NC-SA

[1] https://ep-uk.org/publications/charity-mergers-good-merger-index/

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