Gestión social de proyectos hidroeléctricos


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Embalse de Resia – Reschen (Alto Adigio – Tirol del Sur) Italia – Imageb: Pixabay

La energía hidroeléctrica no es un tema del que hablemos mucho en este blog. Hoy le dedicamos un poco de atención, gracias a un artículo de Luis Sánchez Torrente, “La gestión social de proyectos hidroeléctricos en perspectiva: ¿del drama a la oportunidad?”, publicado en New Ways Sustainability.

El artículo presta atención a los aspectos sociales y medioambientales de los proyectos hidroeléctricos y cómo las exigencias de la sociedad a ese respecto cambian de manera importante con el tiempo. Ello es particularmente relevante cuando se ponen sobre la mesa proyectos que se estudiaron hace años y no llegaron a realizarse.

Por José Luis Trimiño

Luis Sánchez Torrente empieza por recordar que desde antiguo el ser humano ha sentido la necesidad y desarrollado la capacidad de controlar las corrientes de agua para diversos fines: abastecimiento, regadío, bélicos… Pero muchas veces eso ha implicado inundar poblaciones y tierras y obligar a muchas personas a abandonar su tierra y su medio, en aras de un interés colectivo. A veces, en épocas de sequía o de nivel bajo de un embalse por cualquier razón, asoman restos que nos recuerdan la historia de los lugares donde vivían esas personas, sus instituciones y los modos de hacer ante infraestructuras que modifican paisajes y formas de vida.

Señala que a lo largo de las últimas décadas, el modo de proceder de nuestras sociedades en cuanto a los grandes proyectos ha evolucionado hacia posturas que dan mucho más valor que antes a las cuestiones relacionadas con el medio ambiente y a las necesidades de la población afectada y sus formas de vida: una gestión social, no solo técnica.

Sánchez Torrente pone sobre la mesa el hecho de que puede transcurrir un tiempo muy largo desde la primera conceptualización de una presa hasta su puesta en marcha efectiva y que en ese proceso puede haber muchos vaivenes. Por ello, hay iniciativas que a día de hoy están todavía a nivel de planificación o proyecto, pero tienen detrás una historia larga. Ocurre que los promotores o financiadores se encuentran con un proyecto de detalle desde el punto de vista técnico, pero con una realidad social distinta y con diferentes estándares de calidad y exigencia en cuanto a la gestión de sus impactos. Prácticas adecuadas hace años no lo son ahora. Ejemplos:

-Elementos de patrimonio –arqueológico o natural- que han quedado sepultados bajo las aguas sin que se llegara a plantear un plan de rescate.

-Procedimientos de consulta, mecanismos compensatorios y programas dirigidos a las personas afectadas o desplazadas.

Esto se pone claramente de manifiesto en los casos de proyectos cuya viabilidad fue estudiada hace muchos años pero nunca fueron ejecutados. Al volverlos a poner sobre la mesa, requieren, además de las correspondientes actualizaciones técnicas y económicas, una actualización –a veces, más determinante- de la nueva realidad social y de las nuevas exigencias participativas, ambientales, de transparencia y de rendición de cuentas. Pone como ejemplo algunos casos en África Occidental; hace años era frecuente acompañar los desarrollos hidroeléctricos con planes de agricultura extensiva o de desarrollo pesquero, pero hoy somos conscientes de que estas acciones de acompañamiento pueden tener consecuencias ambientales no deseadas (deforestación, alteración de ecosistemas…)[1].

Hoy sabemos también que la relación entre las personas y los recursos naturales es compleja; los cambios en las formas de vida tienen consecuencias a corto y a largo plazo. Para entenderlos mejor se requieren procesos verdaderamente participativos, una comunicación eficaz, prestar atención a los lazos sociales y culturales, dotaciones de infraestructuras y servicios sociales, apreciación del valor paisajístico. Ello requiere estudiar los aspectos sociales, culturales, ambientales e institucionales involucrados, frecuentemente complejos. Y su dotación presupuestaria.

En definitiva, los proyectos hidroeléctricos no solo tienen que tener el objetivo de facilitar el acceso a una energía limpia, sino también el de servir como instrumento integral de desarrollo de las comunidades afectadas.

CC BY-NC-SA

 

[1] Pensemos que no hace mucho se consideraba muy positivo eliminar los humedales puesto que eran focos de malaria.
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