Las empresas sociales, ¿una trampa mental?


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Muhammad Yunus

No es esta la primera entrada del blog en la que hablamos de las empresas sociales -aquellas que tienen, a la vez, un objetivo económico y otro de impacto social. Es un tema que seguimos con interés en Energía sin Fronteras.

El artículo de hoy, de Fredrik O, Andersson y Ruth Mc Cambridge, se titula Social Entrepreneurship’s All-American Mind Trap” y se ha publicado en NonProfit Quarterly.

Defiende la importancia de la acción colectiva para el éxito de las empresas sociales. Y apela e evitar el dar demasiada importancia al empresario social carismático de quien se espera que resuelva todo.

Por José Luis Trimiño                                                                 2 de octubre de 2017

Los autores han detectado una tendencia a dar mucho protagonismo a ciertos empresarios sociales, a quienes, más que como a agentes sociales, se les presenta casi como superhéroes que luchan contra la pobreza, la injusticia y otros males sociales. Y todas sus acciones se ven con ojos positivos.

No pretenden discutir las bondades de los empresarios sociales, sino criticar el que con frecuencia se dé una imagen de “llanero solitario” que resuelve entuertos, sobre todo en una sociedad muy individualista, como la norteamericana. Consideran necesario evitar ese estereotipo y discutir el asunto de manera más matizada.

Identifican dos enfoques diferentes:

-El del “llanero solitario”. Lo consideran ineficaz y contrario a la evolución. En todos los sectores, pero, particularmente, en la sociedad civil, que se mueve por el bien común. Señalan que el mito del “individuo excepcional” está muy anclado en la cultura de Estados Unidos, pero dicen que insistir en ello hace más lentos los procesos de cambio y de adaptación.

-El de “la voluntad colectiva”. Se logra el éxito cuando una comunidad se pone a trabajar junta en un empeño común, haciendo uso de su inteligencia colectiva. En las empresas colectivas, las capacidades de cada individuo se integran en un grupo, haciendo que la capacidad colectiva sea mayor que la suma de las individuales. Y, a la larga, puede ser más sostenible.

Andersson y Mc Cambridge dicen que las organizaciones sin ánimo de lucro deberían dedicar más tiempo y esfuerzos a explorar las empresas colectivas. Argumentan que suelen hacer frente a problemas intrincados, que se caracterizan porque:

-Cada problema es único.

-Cada problema puede considerarse un síntoma de otro problema.

-Hay muchos puntos de vista y muchas maneras de explicar el problema.

-No hay derecho al error: las acciones pueden tener gran impacto.

Por ser así los problemas, los autores consideran que es muy difícil que un actor solo -individuo u organización- le haga frente de manera eficaz. Abordar cuestiones de calado, como la pobreza, requiere apoyo y acciones, más o menos coordinadas, de muchos intervinientes.

El artículo plantea la necesidad de reajustar nuestras mentalidades. Hace referencia a Douglas Rushkoff quien, en una entrevista reciente, defendía que lo natural es que las empresas socialmente responsables estén alojadas en organizaciones sin ánimo de lucro arraigadas en las bases. Se trata de maximizar el valor que cada uno puede contribuir a crear.

Los autores reconocen que algunas ideas de empresas sociales nacen en la cabeza de un individuo, pero muchas nacen de una discusión animada entre gente que pone ideas en común. Afirman que el verdadero impacto de un movimiento depende de las alianzas que consiga formar.

También señalan que fuera de Estados Unidos, el término “empresa social” sugiere más un modo de trabajo cooperativo que uno dirigido por un individuo.

Andersson y Mc Cambridge concluyen que lo importante no es centrarse en quién es el empresario social sino en cómo y por qué diferentes actores se aúnan para perseguir objetivos empresariales sociales.

Consideran que el sector de las ONG es innovador. Y terminan diciendo que en este sector no se considera que un individuo líder sea el principal motor de acción: los movimientos se construyen de manera colectiva.

CC BY-NC-SA
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