Empresas sociales: dificultades para su crecimiento


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Imagen: David Armano

Las empresas sociales es uno de los temas que tratamos en este blog[1]. En esa línea vamos a comentar dos artículos, leídos ambos en NPQ:

-“Lack of Clarity in Social Enterprise Definition Continues to Stymie Field”, de Jim Schaffer.

-“Social Enterprise in Great Britain Now Totals 9% of Small Business Sector”, de Steve Dubb, publicada primero en The Guardian.

Muestran que las empresas sociales siguen creciendo en el mundo. Pero también la falta de claridad -tanto a nivel legal como de percepción de los ciudadanos- sobre lo que son y las dificultades que eso conlleva.

Por José Luis Trimiño                                                           27 de diciembre de 2018

Según un informe del gobierno británico, “Market Trends 2017 , las empresas sociales constituyen allí el 9% de las pequeñas empresas y dan trabajo a 1,44 millones de personas. También muestra que, en 2016, el 93% de las empresas sociales tuvo superávit en 2016 (en las empresas convencionales, el 76%). Social Enterprise UK estima que el número de empresas sociales aumenta tres veces más rápido que las PyMEs en general.

El Ministerio Británico de Industria y Comercio definía inicialmente (2002) “empresa social” como una empresa cuyos objetivos fundamentales son sociales y cuyos excedentes se reinvierten principalmente para esos objetivos, en la empresa o en la colectividad, en lugar de moverse por la necesidad de maximizar el beneficio para los accionistas y propietarios. Para clasificar las empresas sociales se empleaban tres criterios:

-Generar un mínimo del 75% (o 50%, según su estatuto) de sus ingresos de actividades comerciales (venta de productos o servicios). Este criterio separa las organizaciones que dependen sobre todo de subvenciones o donaciones de aquellas que se financian primordialmente por actividades comerciales.

-Puesto que una empresa social reinvierte sus beneficios o excedentes principalmente en la empresa, no debe dedicar más del 50% de esos beneficios o excedentes a los propietarios o accionistas.

-Identificarse a sí misma como empresa social: con objetivos principales sociales o ambientales, cuyos excedentes se reinvierten sobre todo para esos objetivos en la empresa o en la comunidad.

En 2017, el Ministerio revisó y afinó esos criterios.

Steve Dubb afirma que hay cada vez más demanda hacia este sector: los consumidores, particularmente, los jóvenes, compran más en marcas que prestan más atención a un objetivo social que a los beneficios. Según Social Enterprise UK, las empresas sociales innovan más que las PyMES tradicionales, su facturación aumenta más deprisa y crean empleo en las comunidades donde más se necesita.

Su artículo recoge también dificultades y resistencias con las que se topan:

-Mucha gente piensa que la empresa social actúa por motivos caritativos y sus productos son de baja calidad. Es frecuente que los clientes duden si la empresa social va a ser capaz de cumplir sus compromisos.

-Suele pensarse que las empresas sociales quiebran mucho. Sin embargo, un estudio muestra que ello ocurre un poco menos que en otras empresas.

-A pesar de que en el Reino Unido hay legislación favorable[2] y de que el 54% de las empresas sociales obtienen ingresos del sector público, hay barreras para que este contrate con empresas sociales.

-Las prácticas de negocio responsable y los compromisos éticos de muchas empresas sociales aumentan los costes y/o requieren dedicar más tiempo.

-Es más complicado el acceso al capital.

Todas estas dificultades hacen que para los empresarios sociales sea difícil mantener el equilibrio entre el éxito comercial y el impacto social y se planteen con frecuencia si tomar un camino u otro.

Dubb concluye que la gente entiende -y valora- que alguien monte una empresa que haga cosas buenas para los demás. Pero pocos consumidores entienden lo que es realmente un emprendimiento social.

NPQ dedica atención a las empresas sociales porque, al hacer frente a problemas o necesidades sociales no satisfechas a través de enfoques de mercado, desdibujan las fronteras entre las empresas tradicionales, las ONG y las entidades públicas. Y los medios de comunicación no suelen presentarlo correctamente.

El artículo de Schaffer deriva de una mesa redonda en la que seis expertos dieron sus definiciones sobre las empresas sociales y expusieron los desafíos a los que se enfrenta el sector:

-John Moore (Impact PHL) considera que una empresa social es una organización con ánimo de lucro que ofrece un producto o servicio que tiene externalidades sociales netas positivas.

-Para Megan McFadden (Mission Hub LLC), las empresas sociales pueden tener o no ánimo de lucro, pero a veces no es fácil separar las dos cosas.

-Simran Sidhyul (The HIVE) piensa que la realidad es muy compleja y diversa y muchas definiciones dejan fuera a organizaciones sin ánimo de lucro que son auténticas empresas sociales.

-A Kate Houstoun (Barra Foundation) le preocupa que a las empresas sociales sin ánimo de lucro les resulte difícil conseguir financiación.

-Heather Qader (Ayuntamiento de Filadelfia) señala las diferencias de matiz entre, por ejemplo, la certificación “B Corps”, que es cara, y organizaciones que se sitúan en un punto medio, más asequible, como Impact PHL.

-Cory Donovan (Impact PHL) se focaliza en el propósito de la organización. Un caso es la RSE/CSR: “Hacemos esto (el núcleo de nuestras actividades) y, de paso, también vamos a dar dinero (u otra cosa)”. En cambio, es diferente la postura: “Esto forma parte de la misión de nuestra organización”.

Jim Schaffer considera que el término “empresa social” no es una etiqueta, sino que incluye un espectro de actividades. Utiliza el negocio como una herramienta para maximizar el impacto social. En cambio, una “empresa ética” busca generar beneficios para sus accionistas adoptando enfoques éticos en cuestiones como el medio ambiente o el comercio. Las empresas sociales reinvierten los beneficios en su misión social antes que dar dividendos a sus accionistas. El hecho de que la empresa social tenga ganancias la diferencia de una ONG tradicional, que depende de financiación externa (donaciones, subvenciones, contratos u honorarios por servicios).

Termina haciendo referencia a otro artículo “More Vapid Nonsense about Social Entrepreneurship”, publicado el año pasado, también en NPQ. Allí ya se consideraba positiva la atención creciente a los emprendimientos sociales, pero señalando que debe hacerse con un enfoque colaborativo para resolver los problemas, valorando lo que se ha hecho, qué ha funcionado y qué no, quiénes son las partes interesadas y cómo definir y medir efectos significativos.

CC BY-NC-SA
[1] Ver, p.ej. “¿Qué es una empresa social?”, “Empresas sociales: la SOCAP 2017”, “Empresas sociales en energía fuera de red”, “Las empresas sociales, ¿una trampa mental?”, “Empresas sociales: 11 cosas que hemos aprendido”, “Una guía para las empresas sociales”.
[2] Public Services (Social Value) Act 2012
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