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El “Pay-As-You-Go”, ¿ante una encrucijada?

Foto: Robert Couse.Baker (vía Flickr)

El sistema “Pay-As-You-Go” (prepago) es jun modelo de negocio bien conocido para el suministro de electricidad -también de otros servicios- en zonas fuera de la red convencional. Nos hemos referido a él en algunas entradas de este blog[1].

Next Billion está publicando una serie de artículos sobre “Nuevas fronteras en la energía renovable”, pasando revista a cambios que están ocurriendo en el sector. Uno de ellos es PAYGo Solar at a Crossroads: Why the Industry Must Choose Between Protecting Customers and Satisfying Investors, de Stefan Grundmann[2].

El artículo señala la oportunidad y la responsabilidad de quienes -muchas veces, empresas sociales- utilizan los sistemas PAYG solares. Pueden jugar un papel importante en suministrar energía limpia a personas vulnerables. Pero tienen que hacerlo de manera responsable, centrándose en los usuarios y resistiendo presiones para actuar de otra manera.

Por José Luis Trimiño                                                                     22 de junio de 2019


Se reconoce ampliamente que los sistemas de suministro de energía solar en pre-pago (“PAYGo solar”) permiten suministrar energía asequible y fiable a clientes a los que no llega la red. Les proporciona productos que adquieren a plazos, mejoran su vida y de los que acaban siendo propietarios. Al mismo tiempo los distribuidores pueden llegar a nuevos mercados. Todos ganan. El artículo de Grundmann lo admite. Pero detecta que el sector se está moviendo en una dirección que puede no responder a los intereses de los consumidores.

En 2018, la financiación de inversores en el sector fuera de red alcanzó los 500 millones de USD. Los inversores empujan a los operadores a dirigirse a más personas y a vender los servicios de manera más agresiva. Para que la tasa de pago sea suficientemente baja, los períodos de pago han ido aumentando hasta 36 meses. Dada la duración limitada de un sistema solar domiciliario, eso hace que para cuando la familia cliente ha acabado de pagar el sistema, a menudo está en las últimas y hay que reemplazarlo; el usuario no ha previsto que eso ocurriera tan pronto.

En su artículo, Grundmann sugiere aplicar un proceso de protección de los clientes basado en los que se utilizan en el sector de los micro-créditos. Y, entre tanto, aplicar estos principios:

-Más transparencia en los precios. Muchos clientes, en la base de la pirámide, no entienden bien el coste total del sistema PAYG. Así que todo el material debe indicar claramente tanto el precio al contado del paquete solar como el precio total que se acabará pagando si se financia por Pay-As-You-Go.

-Educar a los clientes. Formar a los vendedores en explicar a los clientes las condiciones de pago y los detalles del contrato de manera clara y con paciencia. Pero lo más habitual es que los vendedores trabajen a comisión; de manera que no es realista esperar que dediquen mucho esfuerzo a educar a los clientes. Por eso, el autor propone que esa formación la den los “call centers” encargados del seguimiento post-venta, cuyos trabajadores suelen estar asalariados. Y que el cliente pueda devolver el sistema al cabo de un tiempo (¿un mes?) si no está satisfecho con la compra.

-Más contacto con los usuarios. Aunque el contacto principal sea el suministro de energía, es útil considerar otras necesidades del cliente a cuya satisfacción puede contribuir el distribuidor, proporcionándole otras herramientas que permitan mejorar su nivel de vida.

-Fijar expectativas claras para los inversores. Stefan Grundmann considera que las empresas sociales tienen que estar centradas en los clientes y dar créditos de manera responsable. Ello implica ser muy claros al respecto con los inversores desde el principio. A su vez, eso favorece el trabajar con inversores que están en la onda de la inversión responsable, para llegar a los clientes para quienes se inventó esta tecnología: la base de la pirámide y las comunidades locales.

En la Fundación Energía sin Fronteras aplicamos esos principios. De hecho, en todos los proyectos tenemos una fase de “apoyo al servicio”, en la que estamos en contacto regular con los usuarios.

CC BY-NC-SA


[1] Por ejemplo: https://amigosesf.wordpress.com/2019/04/15/el-valor-anadido-de-la-energia/, https://amigosesf.wordpress.com/2018/01/02/acceso-a-la-energia-informe-iea-2017/, https://amigosesf.wordpress.com/2018/02/10/africa-acceso-a-la-electricidad-con-energia-solar-fuera-de-red/, https://amigosesf.wordpress.com/2017/06/27/acceso-a-la-energia-aumentando-de-escala/, https://amigosesf.wordpress.com/2017/02/22/modelos-de-negocio-innovadores-para-la-fotovoltaica-en-regiones-emergentes/, https://amigosesf.wordpress.com/2016/08/31/energia-solar-fuera-de-red-en-africa/

[2] Presidente de Bright Life, una empresa social del grupo FINCA que trabaja en Uganda.

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¿Cómo medir nuestro impacto?

Foto: Fundación Energía sin Fronteras

En la Fundación Energía sin Fronteras queremos tener un impacto positivo en las condiciones de vida de las personas. Nos preguntamos con frecuencia si lo estamos consiguiendo. Intentamos analizarlo. Y medirlo. Pero no es fácil.

Muchas otras organizaciones se lo plantean también. Y se investiga sobre ello.

Esta entrada hace referencia a la metodología SROI (Social Return on Investments), que emplean algunas organizaciones del tercer sector.

Por José Luis Trimiño                                                                       15 de junio de 2019


Todo lo que hacemos -individuos y organizaciones- y las decisiones que tomamos producen cambios en nuestro entorno, genera -o destruye- valor. Con frecuencia medimos su valor financiero; hemos desarrollado muchas herramientas para hacerlo. Como consecuencia, adquiere más relevancia lo que se puede comprar y vender y dejamos de lado cosas importantes. Es obvio que hay efectos e impactos que no se pueden medir en términos financieros, pero tenemos o conocemos pocas maneras de medirlos; esta carencia es fuente de incertidumbre y dificulta el aprender y tomar las decisiones más adecuadas.

Esa guía para calcular el retorno social de una inversión responde a esa carencia. Proporciona un marco para medir y rendir cuentas sobre un concepto de valor más amplio que el financiero. Incluye costes y beneficios sociales, medioambientales y económicos. Resulta pues, muy útil para organizaciones con fines no lucrativos.

 “A Guide to Social Return on Investment” fue publicada originalmente en 2009 por el UK Cabinet Office en colaboración con New Economics Foundation (NEF), Social Value UK, National Council for Voluntary Organisations (NCVO) y las consultoras Charities evaluation services y New Philanthropy capital. Fue actualizada en 2012. He leído que hay una traducción al español, realizada por el Grupo CIVIS, pero no la he visto.

La guía ayuda a que organizaciones e instituciones identifiquen y midan el valor generado por una actividad o un proyecto, más allá de lo recogido por las mediciones financieras y contables.

La guía consta de:

-Introducción.

¿Qué es el Retorno Social de una Inversión (SROI)? Principios. Etapas.

¿Cómo puede ayudarle el SROI?

¿Quién puede usarlo? Tipos de organizaciones. Conocimientos necesarios. Cuánto tiempo lleva.

Cómo utilizar la guía.

Actualizaciones.

Guía para el Análisis SROI.

-Etapa 1: Planteamiento.

Establecer el alcance del análisis.

Identificar las partes interesadas.

Decidir cómo involucrarles.

-Etapa 2: Mapeo de los efectos[1]:

Empezar por el mapa de impactos.

Identificar los inputs.

Valorar los inputs.

Clarificar los resultados.

Describir los efectos.

-Etapa 3: Probar los efectos y asignarles un valor:

Elaborar indicadores de efectos.

Recoger datos de los efectos.

Establecer cuánto duran los efectos.

Asignar un valor a cada efecto.

-Etapa 4: Determinar el impacto.

El “peso muerto[2]” y el “desplazamiento[3]”.

El problema de la atribución[4].

El abandono[5].

Calcular el impacto.

-Etapa 5: Cálculo del SROI.

Proyectarse en el futuro.

Cálculo del valor actual neto.

Cálculo del retorno.

Análisis de sensibilidad.

El período de retorno de la inversión.

-Etapa 6: Información, utilización e internalización en la organización.

Informar a las partes interesadas.

Utilización de los resultados.

Garantía (verificación de la información).

-Recursos:

Formato de un informe SROI.

Glosario.

Asignación de costes.

Proyectos financiados con capital o con préstamos.

Fuentes donde obtener apoyo y más información.

Descargas

Relación entre el SROI y otros enfoques

Los siete principios del SROI.

Lista de control.

Ejemplo.

La Fundación ECODES utiliza esta metodología[6]. Lo hacen para proyectos suyos y para actividades de otros. En su página web informan de una veintena de estudios de análisis de impacto social, ambiental y socio-económico realizados así. Uno de ellos es el “Análisis del retorno social y socioeconómico del Programa “Ni un Hogar sin Energía” de lucha contra la pobreza energética mediante la aplicación de la metodología SROI”.

CC BY-NC-SA


[1] Traduzco “outcomes” por “efectos”. En mi terminología metodológica, los “outcomes” están más allá de los “outputs” (“resultados”) y más cerca que los “impacts” (“impactos”). Pero reconozco que hay otras interpretaciones y otras traducciones.

[2] Aquella parte del efecto que habría tenido lugar aunque no se hubiera realizado la actividad o el proyecto.

[3] La parte del efecto conseguido que desplazó a otros efectos que podrían haber ocurrido.

[4] ¿Qué parte del efecto se debió a la actividad y qué parte a las acciones de otros?

[5] En la etapa 3 se estudiaba cuánto duran los efectos. Lo normal es que, con el paso del tiempo el efecto de la actividad se vaya reduciendo o, si se mantiene, es más probable que esté influida por otros factores, Así que hay que reducir la atribución a nuestra actividad.

[6] De hecho, es a través de ellos como he sabido del SROI. Aprovecho para agradecérselo.

Empresas y sociedad civil, ¿en la misma dirección?

Imagen: Tiviski

Como he dicho otras veces, estoy a favor de la colaboración entre ONGD y el sector privado en la cooperación al desarrollo. Por convicción, por experiencia y porque la Agenda 2030 establece que el desarrollo es cosa de todos, requiere la colaboración de muchos actores. Hay muchas experiencias y debemos aprender de ellas.

Es frecuente que organizaciones de la sociedad civil critiquen a las empresas cuando consideran que incurren en malas prácticas -por razones de derechos humanos, sociales o medioambientales. Es parte de su / nuestro papel. Pero también lo es el colaborar con ellas para mejorar esas prácticas a lo largo de toda su cadena de valor y para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Aunque hay que reconocer que la colaboración no es fácil, dado que ONG y empresas tienen intereses y maneras de trabajar diferentes.

Hoy voy a hacer referencia a una publicación del ECDPM titulada “Civil society and business: pulling in the same direction?” . Recoge artículos de diversos autores, que aportan distintas perspectivas y experiencias de colaboración para a lograr que las cadenas de valor sean más sostenibles social y ambientalmente.

Los artículos aportan respuestas a preguntas como: “¿Qué implica para ONG y empresas el tirar en la misma dirección?”, “¿Cómo pueden intervenir los gobiernos para facilitar esa colaboración de manera eficaz?”.

La mayoría extraen lecciones de ejemplos prácticos de colaboraciones entre ONG y empresas. En distintos sectores (agricultura, industrias extractivas…) y niveles (local, nacional, regional, mundial), para fines diversos. Surgen cuestiones como los desequilibrios de poder, la creación de confianza y los conflictos.

Por José Luis Trimiño                                                                       6 de junio de 2019


El European Centre for Development Policy Management (ECDPM), un “think tank” conocido y reputado, publica regularmente “Great Insights”. Nos referimos al vol. 8, ed. 1, invierno 2018-2019. Las editoras son Jeske van Seters y Poorva Karkare, del ECDPM.

El primer artículo es: “Engaging with companies: pragmatic idealism”. Su autora es Lies Craeynest, Jefa de Relaciones con el Sector Privado en Oxfam International. Oxfam trabaja con las empresas de maneras diversas y, a veces, complejas, probando continuamente. Por un lado, hacen campañas de concienciación al público que empujan a las empresas a cambiar algunas prácticas. Por otro, con empresarios innovadores y concienciados, como los “B-Teams”. Preconiza pragmatismo y equilibrio.

El segundo esMoving beyond conflict: the critical role of collaborative partnerships in tackling abuses in minerals supply chains”, de Julian Lageard, de la empresa Intel. Considera que para identificar y hacer frente a conflictos y abusos sociales (trabajo infantil o forzado) o ambientales (contaminación por mercurio o residuos de minerales) es preciso que gobiernos, empresas y sociedad civil colaboren eficazmente. Eso no es fácil. Resalta la importancia de encontrar puntos de partida comunes.

Los autores deSeven principles for effective and healthy multi-stakeholder partnerships” son Herman Brouwer (CDI Wageningen, Holanda), Minu Hemmati (MSP Institute, Berlin) y Jim Woodhill (AgriFoodNexus, Oxford, UK). Afirman que aprender de los éxitos y de los fracasos exige que el diálogo y el aprendizaje continuos entre los socios sean elementos nucleares. Los principios son:

-Compromiso con el cambio de sistema.

-Transformar las instituciones.

-Trabajar con los poderes.

-Hacer frente a los conflictos.

-Comunicar de manera eficaz.

-Promover los liderazgos colaborativos.

-Estimular el aprendizaje participativo.

El cuarto artículo es “Non-profits and business team up for land governance in Sierra Leone”. Se trata de una entrevista con Nicholas Jengre, Director para Sierra Leona de la ONG Solidaridad. Esta ONG colaboró con la empresa Natural Habitats Sierra Leone en cuestiones de derechos de propiedad de la tierra, medios de vida de los hogares. Se focaliza en las lecciones aprendidas.

Sigue “Multi-stakeholder platform delivers ‘a minor miracle’”. La autora es Lorena Sorrentino, de CSR Europe. Se refiere a una plataforma muy amplia y diversa, que impulsó la Comisión Europea para recabar consejo y asesoramiento sobre los ODS. Recomienda que la CE dé más apoyo a prácticas responsables de las empresas en: 1) Consumo y producción sostenibles, 2) Capacidades de las personas y futuro del trabajo, 3) Sector privado y derechos humanos, 4) Monitorización, transparencia y confianza.

Hay una referencia a:‘Sustainable Business for Africa (SB4A)”, una iniciativa promovida por la Comisión Europea para mejorar el entorno de inversiones a través del diálogo entre gobiernos, empresas y sociedad civil.

The sustainability dilemma in competition law” se debe a Giancarlo Piscitelli y Anna Gerbrandy (Universidad de Utrecht, Holanda). Explica la relevancia de la legislación europea sobre competencia en algunos esfuerzos colectivos y, en particular, en la colaboración entre la sociedad civil y las empresas.

El octavo artículo lleva por títuloAfricapitalism and partnerships for the SDGs: what we can learn from the Unilever-GBF partnership in Nigeria”. Autores: Kenneth Amaeshi, (Universidad de Edimburgo), Uwafiokun Idemudia (York University, Toronto, Canada) y Ndidi Nnoli-Edozien (Growing Businesses Foundation, empresa social). Explican una colaboración entre empresas, sociedad civil y gobiernos acuñando el término “africapitalismo”.

Poorva Karkare, del ECDPM, es la autora dePartners for good: what two African dairy companies can teach us about partnership with NGOs”. Recoge dos entrevistas con empresas del sector lácteo, en Mauritania y Kenia, que han colaborado con ONG internacionales para impulsar sus negocios. Muestran contrastes interesantes.

Finalmente, Partnerships for sustainable development: the monitoring and evaluation challenge”. La autora es Leda Stott, especialista en alianzas multiactor y miembro del Itd de la UPM[1]. Con su reconocida capacidad de conceptualización, Leda Stott destaca que es necesario disponer de un compendio mayor y más fuerte de pruebas para demostrar la eficacia de las alianzas. Es muy frecuente que se evalúen los resultados de las actividades realizadas en colaboración, pero mucho menos que se analice el valor añadido o la utilidad del enfoque de colaboración.

La publicación muestra que la colaboración entre el sector privado y la sociedad civil no es coser y cantar, ni una varita mágica. Tampoco hay una ”receta” definitiva sobre cómo hacerlo. Pero es algo que tiene gran potencial para contribuir a un verdadero cambio.

Incluye también una relación de publicaciones del ECDPM relacionadas con este tema.

CC BY-NC-SA


[1] Organización bien conocida de la Fundación Energía sin Fronteras. Ambos somos miembros de la Mesa de Acceso Universal a la Energía.

La Comisión Europea y las fundaciones, por el acceso a la energía

Imagen: Comisión Europea

Hace poco he tenido la oportunidad de asistir, en nombre de Energía sin Fronteras a una reunión / jornada titulada “Building strong partnerships with foundations to deliver sustainable and affordable energy in partner countries”. La organizó la Dirección General de Cooperación Internacional y Desarrollo (DEVCO[1]) de la Comisión Europea (CE).

Se trataba de un intercambio de ideas. Por la CE, la unidad encargada de relaciones con la sociedad civil expuso los mecanismos de colaboración con ONG en general y fundaciones en particular; la unidad responsable de energía y cambio climático presentó sus iniciativas. Las fundaciones participantes, entre ellas, Esf, expusimos nuestras actuaciones.

La reunión dio lugar a un valioso intercambio de puntos de vista sobre el rol de la energía para el desarrollo, la situación del acceso a la energía, las dificultades para llegar a los más vulnerables y aislados, los factores y actores clave, modelos de negocio y financiación. Se constató una cierta laguna de conocimiento y actuación en el ámbito del cocinado, mucho menos tratado que el acceso a la electricidad. Se acordó establecer una plataforma para colaborar y compartir conocimiento entre la DG DEVCO de la CE y las fundaciones y entre estas entre sí.

Por José Luis Trimiño                                                                      2 de junio de 2019


La reunión tuvo lugar en Bruselas el 24 de mayo. Por parte de la Comisión Europea (CE) participaron funcionarios de las unidades DEVCO/A5 (Relaciones con la sociedad civil y fundaciones) y DEVCO/C6 (Energía y cambio climático). Además de Energía sin Fronteras, asistieron representantes de la Aga Khan Foundation, European Climate Foundation, Fondazione ENI, Fondazione ENEL, Fundación Acciona.org, Shell Foundation, Power for All y otra, cuyo nombre no recuerdo. (La verdad es que esperaba que hubiera más asistencia).

-DEVCO/A5[2] se ocupó primero de relaciones con ONG -originalmente, europeas, luego, también de países en desarrollo (PED)-, se amplió a instituciones públicas locales de PED y se va abriendo a otras organizaciones: cooperativas, sindicatos…y fundaciones. Son conscientes de que las fundaciones son un tipo de ONG; muy diversas entre sí, por sus especificidades y por el marco jurídico en el que se desenvuelven -distinto de unos países a otros. DEVCO/A/5 suele dialogar y trabajar más con redes y agrupaciones de ONG, no tanto con organizaciones individuales (aparte de proveer financiación, a través de concursos de proyectos -“call for proposals”).

-DEVCO/C/6[3] presentó distintas actuaciones de la Comisión Europea en el ámbito de la cooperación al desarrollo en el sector de la energía y el cambio climático[4]: External Investment Plan (EIP) (reducir riesgos de inversiones), Electrification Financing Initiative (blending), Climate Investor One, Africa Renewable Energy Scale-up Facility, Transferability and Convertibility Facility, Facility for Energy Inclusion. Subrayó la necesidad de hacer más esfuerzo en África, países frágiles y grupos vulnerables; no solo en acceso a la energía, también eficiencia y efecto en cambio climático.

Las fundaciones asistentes cubren un amplio espectro de actividades: financiación, asistencia técnica, provisión de servicios, “think tank”, realización de proyectos, formación, desarrollo de modelos empresariales, gestión de fondos…

A lo largo de la jornada se señaló que la energía juega un papel catalítico para el desarrollo. Está muy relacionada con el crecimiento de las empresas y la economía, la agricultura, la salud, la educación y el género.

Se están poniendo en marcha diversas iniciativas y modelos de negocio para extender el acceso a la energía, tanto de las personas como de las empresas locales. Las mayores dificultades están en la “última milla”: en África, los países frágiles, las zonas aisladas, los grupos más vulnerables, donde la capacidad financiera es más baja. Allí hay menos incentivos para que entren las empresas privadas; no es fácil que una micro-red sea rentable; muchas empresas distribuidoras tienen dificultades para acceder a financiación.

Resulta esencial que exista un entorno favorable: políticas públicas y marcos regulatorios, actores locales (públicos y de la sociedad civil) dinámicos y responsables ante los usuarios. Se han desarrollado diversos modelos de negocio, pero no hay soluciones únicas, hay que adaptarse a la realidad local. Técnicamente, coexisten los modelos de extensión de red, micro-redes y sistemas aislados. Y a los modelos tradicionales de gestión del servicio -entidad pública y empresa privada- se añaden cada vez más las empresas sociales. Se subrayó también la importancia del capital humano.

La financiación es fundamental. Desde la Conferencia de Addis Abeba sobre Financiación del Desarrollo[5] hay una conciencia generalizada de que el desarrollo se financia de fuentes diversas: recursos nacionales públicos, inversión privada (local y exterior), cooperación internacional al desarrollo (créditos y subvenciones), remesas de emigrantes… La Comisión Europea es muy activa en proveer instrumentos que facilitan la fusión (“blending”) de donaciones y créditos, cobertura de riesgos, garantías, etc.; aunque no ha intervenido todavía en bonos sociales (“social bonds”) ni en inversiones de impacto (“impact investments”).

Hay conciencia de que la energía no es solo electricidad, sino también sistemas de cocinado eficientes, saludables y ambientalmente sostenibles. Pero -al menos entre los asistentes- hay menos conocimiento de la problemática, las necesidades y las soluciones para el cocinado limpio. Mencioné la “Guía de Biomasa[6]”, que preparamos en Energía sin Fronteras hace unos años y suscitó mucho interés.

En la reunión se acordó establecer un marco de colaboración e intercambio entre la DG DEVCO de la CE y las fundaciones participantes.

En definitiva, un punto útil para mejorar la coordinación entre actores que trabajamos por mejorar el acceso universal a la energía.

CC BY-NC-SA


[1] https://ec.europa.eu/info/departments/international-cooperation-and-development_es y https://ec.europa.eu/europeaid/. Organigrama: https://ec.europa.eu/europeaid/sites/devco/files/organisation-chart-20190501_en.pdf. Plan Estratégico 2016-2020: https://ec.europa.eu/info/publications/strategic-plan-2016-2020-international-cooperation-and-development_en. Plan de Gestión 2019: https://ec.europa.eu/info/publications/management-plan-2019-international-cooperation-and-development_en.

[2] https://ec.europa.eu/europeaid/civil-society_en

[3] https://ec.europa.eu/europeaid/sectors/energy/energy_en

[4] Hace poco hemos publicado en este blog una entrada en la que se presentan algunas de estas actuaciones: https://amigosesf.wordpress.com/2019/04/08/cooperacion-en-energia-lo-que-hace-la-ue/

[5] Agenda de Acción de Addis Abeba: https://www.un.org/esa/ffd/wp-content/uploads/2015/08/AAAA_Outcome.pdf

[6] https://energiasinfronteras.org/proyectos/estudios/70-gu%C3%ADa-de-sensibilizaci%C3%B3n-%E2%80%9Cbiomasa-y-desarrollo%E2%80%9D-oportunidades-de-la-biomasa-para-mejorar-el-acceso-local-a-la-energ%C3%ADa-en-comunidades-rurales-aisladas-de-am%C3%A9rica-latina-julio-2012

Si lo construyes, ¿lo utilizarán?

Planta de energía geotérmica en Kenia – Imagen: Education / UIG (vía Getty Images)

Kenia es uno de los países en los que trabaja la Fundación Energía sin Fronteras[1]. Allí, la electrificación ha aumentado mucho en las últimas décadas, mejorando la vida de millones de personas y, con frecuencia, se considera un ejemplo para otros países. Sin embargo, quedan problemas importantes: 1) muchas personas siguen sin tener acceso a la electricidad, 2) el suministro es poco fiable y falto de calidad, 3) las personas conectadas consumen poco.

De esto trata un estudio publicado por el CGD: If you Build It, Will They Consume? Key Challenges for Universal, Reliable, and Low-Cost Electricity Delivery in Kenya (Working Paper 491).

El estudio considera que la electrificación puede mejorar utilizando opciones más baratas que satisfagan las necesidades de los consumidores cuya demanda es más baja. Y señala que el bajo consumo constituye un problema de primer orden para las empresas de distribución.

Por José Luis Trimiño                                                                    14 de mayo de 2019


El Center for Global Development (CGD) es un laboratorio de ideas dedicado al desarrollo internacional. En energía, trabajan sobre todo en acceso a la energía, análisis de datos y en las herramientas para estimular las inversiones en este sector en los países en desarrollo. Encargó este estudio para entender mejor la situación en Kenia y las diferentes opciones políticas disponibles. Tuvo en cuenta la intensa campaña del Gobierno para extender la red con el fin de beneficiar a millones de hogares, que tiene implicaciones importantes para el conjunto del sistema energético.

El autor del estudio es Jay Taneja, del STIMA (Systems Towards Infrastructure Monitoring and Analytics) Lab de la Universidad de Massachusetts – Amherst and Energy for Growth Hub.

Subraya que gran parte de lo que muestra el estudio y de las lecciones aprendidas es aplicable a otros países de África Subsahariana, muchos de los cuales tienen retos parecidos a los de Kenia: red poco desarrollada y tener que aumentar la electrificación, adoptar decisiones sobre políticas y modelos y elegir opciones para la financiación, en medio de cambios importantes en las tecnologías y en el entorno.

En los diez últimos años, la tasa de electrificación en Kenia ha pasado del 20% a más del 50%. Ello, gracias a las actuaciones del Gobierno de Kenia, las organizaciones financieras y de desarrollo internacionales, las empresas privadas y las organizaciones no gubernamentales. Pero subsisten tres grandes problemas: 1) muchos hogares sin conexión, 2) suministro poco fiable y de baja calidad y 3) muchos usuarios nuevos consumen muy poca electricidad.

Las principales conclusiones del estudio son:

-Las nuevas conexiones a la red eléctrica tienen un coste muy elevado, que no siempre se justifica por los beneficios obtenidos. Por ello, los planificadores tienen que considerar otros medios de suministrar electricidad; en particular, los sistemas solares domiciliarios y las mini-redes, que pueden satisfacer muchas necesidades de los usuarios a un coste inferior al de la red centralizada.

-Muchos de los nuevos usuarios consumen poca electricidad. Sin aumento de consumo, lo más probable es que las zonas rurales sigan poco desarrolladas en términos económicos y humanos. Para catalizar el desarrollo rural, no basta con proveer electricidad. Las autoridades y las empresas suministradoras deberían promover hábitos de consumo positivos, en empresas rurales. Eso requiere mejorar la fiabilidad del sistema y adoptar un enfoque de desarrollo global.

-La planificación tiene que basarse en previsiones razonables del crecimiento de la demanda, elaboradas por personas y organismos que no tengan intereses en sobreestimar su crecimiento. Si no se hace así, puede dar lugar a “elefantes blancos”, cuyo resultado es, por una parte, desperdicio de capacidad de generación y, por otra, precios más altos para los consumidores -hogares y empresas. Esas previsiones han de estar ligadas a los planes y políticas de desarrollo, que tienen que proyectar dónde y en qué grupos es más probable que tenga lugar el crecimiento.

El autor presenta sus conclusiones así:

Estamos entrando en una época apasionante para los sistemas de suministro eléctrico en todo el mundo, gracias a los avances en tecnología, los nuevos modelos de negocio e inversiones más inteligentes. Kenia está en un primer plano, invirtiendo mucho en métodos innovadores para el acceso a la electricidad. Por ello, constituye un valioso estudio de caso para entender los factores motores del desarrollo, la inversión y el éxito en el sector eléctrico. Este informe muestra el trasfondo y una evaluación -basada en datos- de los principales desafíos a los que Kenia hace frente para suministrar electricidad en cantidad y a bajo coste, como medio de mejorar la vida de los kenianos. Las lecciones aprendidas en Kenia pueden servir como balizas para lograr el acceso de todos a una energía sostenible.

CC BY-NC-SA


[1] Las actuaciones de Energía sin Fronteras en Kenia se pueden ver en: https://energiasinfronteras.org/proyectos/nuestros-proyectos

¿Mentimos sobre la ayuda al desarrollo?

En Energía sin Fronteras trabajamos en la cooperación al desarrollo y creemos en ella. Pero queremos mejorar y estamos atentos a las críticas, tanto a las puntuales como a las sistémicas.

Por eso traigo hoy aquí el libro Why we lie about aid?, de Pablo Yanguas[1], que trata de las batallas políticas que hay detrás de la ayuda al desarrollo.

Yanguas sostiene que son falsas dos premisas que cree la mayoría de la gente: 1) Que la ayuda al desarrollo es una cuestión de beneficencia y solidaridad, 2) Que el desarrollo depende de parámetros técnicos. Y que eso hace que el sistema sea disfuncional, confundiendo resultados a corto plazo con los cambios a largo plazo.

Afirma que la ayuda al desarrollo no debería centrarse en los volúmenes de fondos desembolsados y que los proyectos no deberían asirse a conceptos poco precisos, como “rendición de cuentas” o ·empoderamiento”. Defiende otro enfoque: que la ayuda al desarrollo requiere pelearse, tomar partido, es cuestión de políticas. Los profesionales del desarrollo innovadores lo aplican, dando cobertura política a los agentes reformadores locales para que los cambios necesarios tengan oportunidad de salir adelante.

Comparto muchos de esos argumentos. Pienso que el cambio y el desarrollo son procesos esencialmente internos. Y, por tanto, es esencial facilitarlos.

Por José Luis Trimiño                                                                    12 de mayo de 2019


Tom Kirk, del Centre for Public Authority in International Development de la London School of Economics, se refirió a este libro en una entrada publicada en el blog de Oxfam.

Apoyándose en citas breves, anécdotas con garra y estudios de caso serios, desarrolla un razonamiento según el cual los argumentarios habituales sobre la cooperación al desarrollo y los proyectos suelen ser reduccionistas e incluso nocivos. Se centran en cuánto gastar, como si fuera una competición deportiva, y obligan a los profesionales a focalizarse en lo que puede medirse. Yanguas considera que ello deja pasar oportunidades de que se produzcan cambios positivos en los países receptores y rinde un flaco servicio a los reformistas de allí.

Los primeros capítulos del libro son: 1) La teatralidad de los debates sobre la ayuda al desarrollo, 2) La banalidad de la certeza y 3) Las feas políticas del cambio.

En ellos, sitúa las intervenciones y las organizaciones de cooperación al desarrollo en la política de sus países donantes respectivos. Estima que la cooperación no tiene un paquete permanente de votantes fuera de quienes trabajan en el sector y de unos pocos idealistas comprometidos. Eso facilita el que los políticos lo utilicen fácilmente bien para mostrarse como humanitarios y solidarios, aumentando los presupuestos de cooperación, bien como rigurosos partidarios de la disciplina fiscal, reduciéndolos e imponiendo procedimientos y requisitos rigurosos de auditorías.

Pablo Yanguas piensa que:

-Esto último ha constituido el motor que ha llevado a las exigencias de “resultados” y de “calidad-precio”.

-La necesidad de cuantificar el impacto de los proyectos empuja a los profesionales del desarrollo a conseguir resultados rápidos, técnicos y fáciles.

-Ello reduce las posibilidades de discutir abiertamente los obstáculos al desarrollo y de aprender lecciones.

-Eso hace que las evaluaciones se centren en los resultados cuantificables, en vez de en los efectos sociales y políticos de amplio alcance.

Los siguientes capítulos (4: “La influencia de los donantes tiene límites” y 5: “Paradojas de la diplomacia del desarrollo”) son estudios de caso de programas de apoyo a organismos anti-corrupción en Sierra Leona y Liberia. Kirk considera que son los más convincentes.

En Sierra Leona, el libro analiza el programa de cooperación a largo plazo entre el DFID -la cooperación británica- y la Comisión Anti-corrupción de Sierra Leona. Expone cómo el compromiso de rebajar la importancia de algunos datos explosivos y el que el programa estuviera situado fuera de las estructuras generales de rendición de cuentas de la Administración fueron cambiando poco a poco lo que los ciudadanos esperaban de las élites políticas.

En Liberia, un grupo -cada vez más numeroso- de donantes financiaba y supervisaba un programa de apoyo a la Comisión Nacional General de Auditoría. El libro muestra cómo los donantes, muchas veces sin quererlo, se vieron envueltos en los conflictos políticos del país.

Yanguas hace así ver cómo unas personas clave llevaron las reformas con el apoyo de algunos donantes, a veces con riesgos, y cómo el conjunto de estas actuaciones tuvo efectos amplios -la mayoría, imposibles de medir- y ramificaciones políticas. Prueba que la ayuda al desarrollo tiene un efecto importante en los actores locales; a unos los legitima; a otros, los deslegitima.

Los últimos capítulos son “La batalla de pensar políticamente” y “Entender las liosas políticas del cambio”. En ellos, analiza las discusiones entre organismos donantes y ONG de desarrollo sobre “pensar y trabajar políticamente”[2]. Pasa revista a movimientos “da abajo arriba”, como “Problem-Driven Iterative Adaptation”[3] (PDIA) y “Doing Development Differently[4]” (DDD), que cuestionan cómo se entiende y practica la cooperación al desarrollo y que cada vez se toman más en serio. Organismos como el DFID o el Banco Mundial han financiado enfoques del desarrollo más orientados a las políticas. Por otro lado, el autor considera que algunas investigaciones de académicos del desarrollo muy renombrados, como Daron Acemoglu y Tania Li, tienen muy poca aplicación práctica en los procesos de reforma en los países en desarrollo.

En la conclusión, Yanguas hace un llamamiento a reinterpretar la ayuda al desarrollo como unas “políticas de desarrollo disputables y disputadas”, que permiten perturbar a las élites interesadas en que cada cambie. En la mayor parte de los países en desarrollo hacen falta, a la vez, más estado y más mercado.

En su reseña, Kirk considera que Yanguas está en lo cierto: para que la cooperación al desarrollo tenga un futuro, ha de contribuir a cambios transformadores y los profesionales del desarrollo tenemos que articular nuestros argumentos alrededor de eso. Además, medir los impactos y los éxitos o fracasos de las políticas de cambio y de desarrollo requiere plazos más largos que los típicos de cinco años de los programas de cooperación. Y todo ello precisa mecanismos nuevos de evaluar los impactos buscados y los accidentales.

CC BY-NC-SA


[1] Investigador en el Effective States and Inclusive Development Research Centre (ESID) de la Universidad de Manchester.

[2] Sobre “Thinking and working politically” hemos hablado en algunas entradas de este blog: https://amigosesf.wordpress.com/2019/01/21/implicacion-local-en-la-ayuda-al-desarrollo/, https://amigosesf.wordpress.com/2018/12/11/como-conseguir-que-funcione-la-gestion-adaptable/, https://amigosesf.wordpress.com/2017/10/20/las-ong-se-van-apuntando-al-cambio/

[3] Ver entrada https://amigosesf.wordpress.com/2018/12/11/como-conseguir-que-funcione-la-gestion-adaptable/

[4]Ver: https://amigosesf.wordpress.com/2018/07/27/9-tendencias-del-desarrollo-lo-que-implican-para-los-profesionales/, https://amigosesf.wordpress.com/2018/02/07/cambios-en-el-modo-de-actuar-de-las-ong/

Inversiones con impacto social: ¿qué las caracteriza? ¿a cuánto ascienden?

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Imagen: SVPDenver (httpsgoo.glimageskBAWCz) -> Optimy

En varias entradas anteriores[1] nos hemos referido a las inversiones con impacto social[2] -las que buscan obtener un beneficio social además de una rentabilidad financiera. Hoy vamos a profundizar un poco más en ellas, a través de dos artículos del GIIN. Uno, el que me parece más interesante, sobre su definición y características esenciales. Otro, sobre el volumen que alcanzan a nivel mundial.

Por José Luis Trimiño                                                                     6 de mayo de 2019


He encontrado la referencia en un artículo de Adva Saldinger publicado en Devex: GIIN looks to define growing impact investing market.

Los documentos proceden del GIIN (Global Impact Investing Networkg). Definen las inversiones con impacto social (“impact investments”) como aquellas que, además de un rendimiento financiero, pretenden generar un impacto positivo en los campos social o medioambiental. Los inversores las utilizan cuando quieren que su capital contribuya a mejorar la vida de las personas y el medio ambiente.

El primer documento se titula Core characteristics of impact investing”. Responde a una necesidad de los mercados financieros y de los inversores: tener claro dónde invierten. Pretende suministrarles:

-una lista de prácticas para ver la credibilidad de su enfoque;

-unos jalones para estimar la calidad y credibilidad de un potencial socio inversor.

Y establecer un concepto compartido por muchos actores que:

-permita diferenciar las inversiones de impacto social de otras;

-haga más probable el contribuir a impactos positivos.

El documento fija cuatro elementos clave de las inversiones de impacto social:

-El propósito. Que intenten contribuir a soluciones sociales o medioambientales. Esto las diferencia de otras estrategias como el “ESG Investing[3]”, las “inversiones responsables[4]” o las “estrategias para la detección“ (“screening strategies”).

-Los rendimientos financieros. Buscan una rentabilidad financiera del capital, que puede ir desde tasas por debajo de las del mercado hasta tasas de mercado ajustadas por el riesgo.

-El rango de activos. Pueden hacerse con cualquier tipo de activos.

-Medir el impacto. El inversor se compromete a medir e informar sobre el rendimiento social y ambiental de las inversiones.

Los inversores con impacto social dicen emplear cuatro prácticas:

-Tener la intención de obtener rendimientos financieros, sociales y/o medioambientales. Esto implica:

. Establecer objetivos claros, tanto financieros como de impacto.

. Argumentar la inversión de manera explícita acerca de estos objetivos y de las estrategias a utilizar para alcanzarlos.

-Al diseñar la inversión, hacer uso de los datos y pruebas del impacto:

. Identificar una necesidad social o ambiental con base científica o empírica y que la exprese la población o comunidad a la que va a servir.

. Hacer uso de las pruebas disponibles para: a) fijar las metas, b) establecer las estrategias de inversión -entendiendo los posibles efectos negativos- y c) elegir indicadores adecuados.

. Mejorar la capacidad de analizar los impactos y de ser más rigurosos.

-Gestionar los resultados de la inversión, lo que incluye:

            . Retroalimentación a lo largo de la vida de la inversión.

            . Identificar los riesgos y elaborar planes de mitigación.

            . Buscar la mitigación de las consecuencias negativas.

            . Difundir la información sobre los resultados.

-Contribuir al crecimiento de estas inversiones con impacto social:

            . Ser transparentes.

            . Compromiso con convenios, enfoques y normas al respecto.

. En los procesos de decisión, considerar el impacto en potenciales socios y grupos a los que se puedan dirigir otras inversiones.

. Compartir los datos y lecciones aprendidas.

El segundo documento es Sizing the impact investment market.

Estima que el volumen actual de estas inversiones con impacto social es de unos 500.000 millones de USD en todo el mundo. Los gestionan unas 1.340 organizaciones. Algunos inversores gestionan más de 1.000 millones de USD.

El informe reconoce que se trata de una estimación. El GIIN ha examinado las cifras de los inversores que estaban disponibles y ha utilizado esa información para estimar las cifras de aquellos cuyos datos no estaban disponibles.

El GIIN considera que este informe permite comparaciones, lo que ayudará a inspirar confianza y, por otra parte, facilitará el seguir la evolución del tamaño de este mercado.

CC BY-NC-SA


[1] https://amigosesf.wordpress.com/2019/04/22/inversiones-privadas-para-el-desarrollo-sostenible/, https://amigosesf.wordpress.com/2018/08/07/empresas-sociales-la-socap-2017/, https://amigosesf.wordpress.com/2017/08/25/las-inversiones-con-impacto-social-siguen-creciendo/, https://amigosesf.wordpress.com/2017/06/25/cual-es-el-impacto-de-las-inversiones-con-impacto-social/, https://amigosesf.wordpress.com/2017/01/23/4-tendencias-de-las-inversiones-con-impacto-social/,

[2] Yo suelo traducir “impact investments” por “inversiones con impacto social”, aunque soy consciente de que, además de lo social, incluyen lo medioambiental.

[3] https://www.investopedia.com/terms/e/environmental-social-and-governance-esg-criteria.asp

[4] https://www.unpri.org/pri/what-is-responsible-investment. Personalmente, no consigo ver claramente las diferencias -si las hay. entre “impact investing”, “responsible investing”, “socially responsible investing” y “social investing”.