Archivo de la categoría: ODM post 2015

¿Cómo medir nuestro impacto?

Foto: Fundación Energía sin Fronteras

En la Fundación Energía sin Fronteras queremos tener un impacto positivo en las condiciones de vida de las personas. Nos preguntamos con frecuencia si lo estamos consiguiendo. Intentamos analizarlo. Y medirlo. Pero no es fácil.

Muchas otras organizaciones se lo plantean también. Y se investiga sobre ello.

Esta entrada hace referencia a la metodología SROI (Social Return on Investments), que emplean algunas organizaciones del tercer sector.

Por José Luis Trimiño                                                                       15 de junio de 2019


Todo lo que hacemos -individuos y organizaciones- y las decisiones que tomamos producen cambios en nuestro entorno, genera -o destruye- valor. Con frecuencia medimos su valor financiero; hemos desarrollado muchas herramientas para hacerlo. Como consecuencia, adquiere más relevancia lo que se puede comprar y vender y dejamos de lado cosas importantes. Es obvio que hay efectos e impactos que no se pueden medir en términos financieros, pero tenemos o conocemos pocas maneras de medirlos; esta carencia es fuente de incertidumbre y dificulta el aprender y tomar las decisiones más adecuadas.

Esa guía para calcular el retorno social de una inversión responde a esa carencia. Proporciona un marco para medir y rendir cuentas sobre un concepto de valor más amplio que el financiero. Incluye costes y beneficios sociales, medioambientales y económicos. Resulta pues, muy útil para organizaciones con fines no lucrativos.

 “A Guide to Social Return on Investment” fue publicada originalmente en 2009 por el UK Cabinet Office en colaboración con New Economics Foundation (NEF), Social Value UK, National Council for Voluntary Organisations (NCVO) y las consultoras Charities evaluation services y New Philanthropy capital. Fue actualizada en 2012. He leído que hay una traducción al español, realizada por el Grupo CIVIS, pero no la he visto.

La guía ayuda a que organizaciones e instituciones identifiquen y midan el valor generado por una actividad o un proyecto, más allá de lo recogido por las mediciones financieras y contables.

La guía consta de:

-Introducción.

¿Qué es el Retorno Social de una Inversión (SROI)? Principios. Etapas.

¿Cómo puede ayudarle el SROI?

¿Quién puede usarlo? Tipos de organizaciones. Conocimientos necesarios. Cuánto tiempo lleva.

Cómo utilizar la guía.

Actualizaciones.

Guía para el Análisis SROI.

-Etapa 1: Planteamiento.

Establecer el alcance del análisis.

Identificar las partes interesadas.

Decidir cómo involucrarles.

-Etapa 2: Mapeo de los efectos[1]:

Empezar por el mapa de impactos.

Identificar los inputs.

Valorar los inputs.

Clarificar los resultados.

Describir los efectos.

-Etapa 3: Probar los efectos y asignarles un valor:

Elaborar indicadores de efectos.

Recoger datos de los efectos.

Establecer cuánto duran los efectos.

Asignar un valor a cada efecto.

-Etapa 4: Determinar el impacto.

El “peso muerto[2]” y el “desplazamiento[3]”.

El problema de la atribución[4].

El abandono[5].

Calcular el impacto.

-Etapa 5: Cálculo del SROI.

Proyectarse en el futuro.

Cálculo del valor actual neto.

Cálculo del retorno.

Análisis de sensibilidad.

El período de retorno de la inversión.

-Etapa 6: Información, utilización e internalización en la organización.

Informar a las partes interesadas.

Utilización de los resultados.

Garantía (verificación de la información).

-Recursos:

Formato de un informe SROI.

Glosario.

Asignación de costes.

Proyectos financiados con capital o con préstamos.

Fuentes donde obtener apoyo y más información.

Descargas

Relación entre el SROI y otros enfoques

Los siete principios del SROI.

Lista de control.

Ejemplo.

La Fundación ECODES utiliza esta metodología[6]. Lo hacen para proyectos suyos y para actividades de otros. En su página web informan de una veintena de estudios de análisis de impacto social, ambiental y socio-económico realizados así. Uno de ellos es el “Análisis del retorno social y socioeconómico del Programa “Ni un Hogar sin Energía” de lucha contra la pobreza energética mediante la aplicación de la metodología SROI”.

CC BY-NC-SA


[1] Traduzco “outcomes” por “efectos”. En mi terminología metodológica, los “outcomes” están más allá de los “outputs” (“resultados”) y más cerca que los “impacts” (“impactos”). Pero reconozco que hay otras interpretaciones y otras traducciones.

[2] Aquella parte del efecto que habría tenido lugar aunque no se hubiera realizado la actividad o el proyecto.

[3] La parte del efecto conseguido que desplazó a otros efectos que podrían haber ocurrido.

[4] ¿Qué parte del efecto se debió a la actividad y qué parte a las acciones de otros?

[5] En la etapa 3 se estudiaba cuánto duran los efectos. Lo normal es que, con el paso del tiempo el efecto de la actividad se vaya reduciendo o, si se mantiene, es más probable que esté influida por otros factores, Así que hay que reducir la atribución a nuestra actividad.

[6] De hecho, es a través de ellos como he sabido del SROI. Aprovecho para agradecérselo.

Anuncios

Empresas y sociedad civil, ¿en la misma dirección?

Imagen: Tiviski

Como he dicho otras veces, estoy a favor de la colaboración entre ONGD y el sector privado en la cooperación al desarrollo. Por convicción, por experiencia y porque la Agenda 2030 establece que el desarrollo es cosa de todos, requiere la colaboración de muchos actores. Hay muchas experiencias y debemos aprender de ellas.

Es frecuente que organizaciones de la sociedad civil critiquen a las empresas cuando consideran que incurren en malas prácticas -por razones de derechos humanos, sociales o medioambientales. Es parte de su / nuestro papel. Pero también lo es el colaborar con ellas para mejorar esas prácticas a lo largo de toda su cadena de valor y para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Aunque hay que reconocer que la colaboración no es fácil, dado que ONG y empresas tienen intereses y maneras de trabajar diferentes.

Hoy voy a hacer referencia a una publicación del ECDPM titulada “Civil society and business: pulling in the same direction?” . Recoge artículos de diversos autores, que aportan distintas perspectivas y experiencias de colaboración para a lograr que las cadenas de valor sean más sostenibles social y ambientalmente.

Los artículos aportan respuestas a preguntas como: “¿Qué implica para ONG y empresas el tirar en la misma dirección?”, “¿Cómo pueden intervenir los gobiernos para facilitar esa colaboración de manera eficaz?”.

La mayoría extraen lecciones de ejemplos prácticos de colaboraciones entre ONG y empresas. En distintos sectores (agricultura, industrias extractivas…) y niveles (local, nacional, regional, mundial), para fines diversos. Surgen cuestiones como los desequilibrios de poder, la creación de confianza y los conflictos.

Por José Luis Trimiño                                                                       6 de junio de 2019


El European Centre for Development Policy Management (ECDPM), un “think tank” conocido y reputado, publica regularmente “Great Insights”. Nos referimos al vol. 8, ed. 1, invierno 2018-2019. Las editoras son Jeske van Seters y Poorva Karkare, del ECDPM.

El primer artículo es: “Engaging with companies: pragmatic idealism”. Su autora es Lies Craeynest, Jefa de Relaciones con el Sector Privado en Oxfam International. Oxfam trabaja con las empresas de maneras diversas y, a veces, complejas, probando continuamente. Por un lado, hacen campañas de concienciación al público que empujan a las empresas a cambiar algunas prácticas. Por otro, con empresarios innovadores y concienciados, como los “B-Teams”. Preconiza pragmatismo y equilibrio.

El segundo esMoving beyond conflict: the critical role of collaborative partnerships in tackling abuses in minerals supply chains”, de Julian Lageard, de la empresa Intel. Considera que para identificar y hacer frente a conflictos y abusos sociales (trabajo infantil o forzado) o ambientales (contaminación por mercurio o residuos de minerales) es preciso que gobiernos, empresas y sociedad civil colaboren eficazmente. Eso no es fácil. Resalta la importancia de encontrar puntos de partida comunes.

Los autores deSeven principles for effective and healthy multi-stakeholder partnerships” son Herman Brouwer (CDI Wageningen, Holanda), Minu Hemmati (MSP Institute, Berlin) y Jim Woodhill (AgriFoodNexus, Oxford, UK). Afirman que aprender de los éxitos y de los fracasos exige que el diálogo y el aprendizaje continuos entre los socios sean elementos nucleares. Los principios son:

-Compromiso con el cambio de sistema.

-Transformar las instituciones.

-Trabajar con los poderes.

-Hacer frente a los conflictos.

-Comunicar de manera eficaz.

-Promover los liderazgos colaborativos.

-Estimular el aprendizaje participativo.

El cuarto artículo es “Non-profits and business team up for land governance in Sierra Leone”. Se trata de una entrevista con Nicholas Jengre, Director para Sierra Leona de la ONG Solidaridad. Esta ONG colaboró con la empresa Natural Habitats Sierra Leone en cuestiones de derechos de propiedad de la tierra, medios de vida de los hogares. Se focaliza en las lecciones aprendidas.

Sigue “Multi-stakeholder platform delivers ‘a minor miracle’”. La autora es Lorena Sorrentino, de CSR Europe. Se refiere a una plataforma muy amplia y diversa, que impulsó la Comisión Europea para recabar consejo y asesoramiento sobre los ODS. Recomienda que la CE dé más apoyo a prácticas responsables de las empresas en: 1) Consumo y producción sostenibles, 2) Capacidades de las personas y futuro del trabajo, 3) Sector privado y derechos humanos, 4) Monitorización, transparencia y confianza.

Hay una referencia a:‘Sustainable Business for Africa (SB4A)”, una iniciativa promovida por la Comisión Europea para mejorar el entorno de inversiones a través del diálogo entre gobiernos, empresas y sociedad civil.

The sustainability dilemma in competition law” se debe a Giancarlo Piscitelli y Anna Gerbrandy (Universidad de Utrecht, Holanda). Explica la relevancia de la legislación europea sobre competencia en algunos esfuerzos colectivos y, en particular, en la colaboración entre la sociedad civil y las empresas.

El octavo artículo lleva por títuloAfricapitalism and partnerships for the SDGs: what we can learn from the Unilever-GBF partnership in Nigeria”. Autores: Kenneth Amaeshi, (Universidad de Edimburgo), Uwafiokun Idemudia (York University, Toronto, Canada) y Ndidi Nnoli-Edozien (Growing Businesses Foundation, empresa social). Explican una colaboración entre empresas, sociedad civil y gobiernos acuñando el término “africapitalismo”.

Poorva Karkare, del ECDPM, es la autora dePartners for good: what two African dairy companies can teach us about partnership with NGOs”. Recoge dos entrevistas con empresas del sector lácteo, en Mauritania y Kenia, que han colaborado con ONG internacionales para impulsar sus negocios. Muestran contrastes interesantes.

Finalmente, Partnerships for sustainable development: the monitoring and evaluation challenge”. La autora es Leda Stott, especialista en alianzas multiactor y miembro del Itd de la UPM[1]. Con su reconocida capacidad de conceptualización, Leda Stott destaca que es necesario disponer de un compendio mayor y más fuerte de pruebas para demostrar la eficacia de las alianzas. Es muy frecuente que se evalúen los resultados de las actividades realizadas en colaboración, pero mucho menos que se analice el valor añadido o la utilidad del enfoque de colaboración.

La publicación muestra que la colaboración entre el sector privado y la sociedad civil no es coser y cantar, ni una varita mágica. Tampoco hay una ”receta” definitiva sobre cómo hacerlo. Pero es algo que tiene gran potencial para contribuir a un verdadero cambio.

Incluye también una relación de publicaciones del ECDPM relacionadas con este tema.

CC BY-NC-SA


[1] Organización bien conocida de la Fundación Energía sin Fronteras. Ambos somos miembros de la Mesa de Acceso Universal a la Energía.

La Comisión Europea y las fundaciones, por el acceso a la energía

Imagen: Comisión Europea

Hace poco he tenido la oportunidad de asistir, en nombre de Energía sin Fronteras a una reunión / jornada titulada “Building strong partnerships with foundations to deliver sustainable and affordable energy in partner countries”. La organizó la Dirección General de Cooperación Internacional y Desarrollo (DEVCO[1]) de la Comisión Europea (CE).

Se trataba de un intercambio de ideas. Por la CE, la unidad encargada de relaciones con la sociedad civil expuso los mecanismos de colaboración con ONG en general y fundaciones en particular; la unidad responsable de energía y cambio climático presentó sus iniciativas. Las fundaciones participantes, entre ellas, Esf, expusimos nuestras actuaciones.

La reunión dio lugar a un valioso intercambio de puntos de vista sobre el rol de la energía para el desarrollo, la situación del acceso a la energía, las dificultades para llegar a los más vulnerables y aislados, los factores y actores clave, modelos de negocio y financiación. Se constató una cierta laguna de conocimiento y actuación en el ámbito del cocinado, mucho menos tratado que el acceso a la electricidad. Se acordó establecer una plataforma para colaborar y compartir conocimiento entre la DG DEVCO de la CE y las fundaciones y entre estas entre sí.

Por José Luis Trimiño                                                                      2 de junio de 2019


La reunión tuvo lugar en Bruselas el 24 de mayo. Por parte de la Comisión Europea (CE) participaron funcionarios de las unidades DEVCO/A5 (Relaciones con la sociedad civil y fundaciones) y DEVCO/C6 (Energía y cambio climático). Además de Energía sin Fronteras, asistieron representantes de la Aga Khan Foundation, European Climate Foundation, Fondazione ENI, Fondazione ENEL, Fundación Acciona.org, Shell Foundation, Power for All y otra, cuyo nombre no recuerdo. (La verdad es que esperaba que hubiera más asistencia).

-DEVCO/A5[2] se ocupó primero de relaciones con ONG -originalmente, europeas, luego, también de países en desarrollo (PED)-, se amplió a instituciones públicas locales de PED y se va abriendo a otras organizaciones: cooperativas, sindicatos…y fundaciones. Son conscientes de que las fundaciones son un tipo de ONG; muy diversas entre sí, por sus especificidades y por el marco jurídico en el que se desenvuelven -distinto de unos países a otros. DEVCO/A/5 suele dialogar y trabajar más con redes y agrupaciones de ONG, no tanto con organizaciones individuales (aparte de proveer financiación, a través de concursos de proyectos -“call for proposals”).

-DEVCO/C/6[3] presentó distintas actuaciones de la Comisión Europea en el ámbito de la cooperación al desarrollo en el sector de la energía y el cambio climático[4]: External Investment Plan (EIP) (reducir riesgos de inversiones), Electrification Financing Initiative (blending), Climate Investor One, Africa Renewable Energy Scale-up Facility, Transferability and Convertibility Facility, Facility for Energy Inclusion. Subrayó la necesidad de hacer más esfuerzo en África, países frágiles y grupos vulnerables; no solo en acceso a la energía, también eficiencia y efecto en cambio climático.

Las fundaciones asistentes cubren un amplio espectro de actividades: financiación, asistencia técnica, provisión de servicios, “think tank”, realización de proyectos, formación, desarrollo de modelos empresariales, gestión de fondos…

A lo largo de la jornada se señaló que la energía juega un papel catalítico para el desarrollo. Está muy relacionada con el crecimiento de las empresas y la economía, la agricultura, la salud, la educación y el género.

Se están poniendo en marcha diversas iniciativas y modelos de negocio para extender el acceso a la energía, tanto de las personas como de las empresas locales. Las mayores dificultades están en la “última milla”: en África, los países frágiles, las zonas aisladas, los grupos más vulnerables, donde la capacidad financiera es más baja. Allí hay menos incentivos para que entren las empresas privadas; no es fácil que una micro-red sea rentable; muchas empresas distribuidoras tienen dificultades para acceder a financiación.

Resulta esencial que exista un entorno favorable: políticas públicas y marcos regulatorios, actores locales (públicos y de la sociedad civil) dinámicos y responsables ante los usuarios. Se han desarrollado diversos modelos de negocio, pero no hay soluciones únicas, hay que adaptarse a la realidad local. Técnicamente, coexisten los modelos de extensión de red, micro-redes y sistemas aislados. Y a los modelos tradicionales de gestión del servicio -entidad pública y empresa privada- se añaden cada vez más las empresas sociales. Se subrayó también la importancia del capital humano.

La financiación es fundamental. Desde la Conferencia de Addis Abeba sobre Financiación del Desarrollo[5] hay una conciencia generalizada de que el desarrollo se financia de fuentes diversas: recursos nacionales públicos, inversión privada (local y exterior), cooperación internacional al desarrollo (créditos y subvenciones), remesas de emigrantes… La Comisión Europea es muy activa en proveer instrumentos que facilitan la fusión (“blending”) de donaciones y créditos, cobertura de riesgos, garantías, etc.; aunque no ha intervenido todavía en bonos sociales (“social bonds”) ni en inversiones de impacto (“impact investments”).

Hay conciencia de que la energía no es solo electricidad, sino también sistemas de cocinado eficientes, saludables y ambientalmente sostenibles. Pero -al menos entre los asistentes- hay menos conocimiento de la problemática, las necesidades y las soluciones para el cocinado limpio. Mencioné la “Guía de Biomasa[6]”, que preparamos en Energía sin Fronteras hace unos años y suscitó mucho interés.

En la reunión se acordó establecer un marco de colaboración e intercambio entre la DG DEVCO de la CE y las fundaciones participantes.

En definitiva, un punto útil para mejorar la coordinación entre actores que trabajamos por mejorar el acceso universal a la energía.

CC BY-NC-SA


[1] https://ec.europa.eu/info/departments/international-cooperation-and-development_es y https://ec.europa.eu/europeaid/. Organigrama: https://ec.europa.eu/europeaid/sites/devco/files/organisation-chart-20190501_en.pdf. Plan Estratégico 2016-2020: https://ec.europa.eu/info/publications/strategic-plan-2016-2020-international-cooperation-and-development_en. Plan de Gestión 2019: https://ec.europa.eu/info/publications/management-plan-2019-international-cooperation-and-development_en.

[2] https://ec.europa.eu/europeaid/civil-society_en

[3] https://ec.europa.eu/europeaid/sectors/energy/energy_en

[4] Hace poco hemos publicado en este blog una entrada en la que se presentan algunas de estas actuaciones: https://amigosesf.wordpress.com/2019/04/08/cooperacion-en-energia-lo-que-hace-la-ue/

[5] Agenda de Acción de Addis Abeba: https://www.un.org/esa/ffd/wp-content/uploads/2015/08/AAAA_Outcome.pdf

[6] https://energiasinfronteras.org/proyectos/estudios/70-gu%C3%ADa-de-sensibilizaci%C3%B3n-%E2%80%9Cbiomasa-y-desarrollo%E2%80%9D-oportunidades-de-la-biomasa-para-mejorar-el-acceso-local-a-la-energ%C3%ADa-en-comunidades-rurales-aisladas-de-am%C3%A9rica-latina-julio-2012

Inversiones con impacto social: ¿qué las caracteriza? ¿a cuánto ascienden?

I

Imagen: SVPDenver (httpsgoo.glimageskBAWCz) -> Optimy

En varias entradas anteriores[1] nos hemos referido a las inversiones con impacto social[2] -las que buscan obtener un beneficio social además de una rentabilidad financiera. Hoy vamos a profundizar un poco más en ellas, a través de dos artículos del GIIN. Uno, el que me parece más interesante, sobre su definición y características esenciales. Otro, sobre el volumen que alcanzan a nivel mundial.

Por José Luis Trimiño                                                                     6 de mayo de 2019


He encontrado la referencia en un artículo de Adva Saldinger publicado en Devex: GIIN looks to define growing impact investing market.

Los documentos proceden del GIIN (Global Impact Investing Networkg). Definen las inversiones con impacto social (“impact investments”) como aquellas que, además de un rendimiento financiero, pretenden generar un impacto positivo en los campos social o medioambiental. Los inversores las utilizan cuando quieren que su capital contribuya a mejorar la vida de las personas y el medio ambiente.

El primer documento se titula Core characteristics of impact investing”. Responde a una necesidad de los mercados financieros y de los inversores: tener claro dónde invierten. Pretende suministrarles:

-una lista de prácticas para ver la credibilidad de su enfoque;

-unos jalones para estimar la calidad y credibilidad de un potencial socio inversor.

Y establecer un concepto compartido por muchos actores que:

-permita diferenciar las inversiones de impacto social de otras;

-haga más probable el contribuir a impactos positivos.

El documento fija cuatro elementos clave de las inversiones de impacto social:

-El propósito. Que intenten contribuir a soluciones sociales o medioambientales. Esto las diferencia de otras estrategias como el “ESG Investing[3]”, las “inversiones responsables[4]” o las “estrategias para la detección“ (“screening strategies”).

-Los rendimientos financieros. Buscan una rentabilidad financiera del capital, que puede ir desde tasas por debajo de las del mercado hasta tasas de mercado ajustadas por el riesgo.

-El rango de activos. Pueden hacerse con cualquier tipo de activos.

-Medir el impacto. El inversor se compromete a medir e informar sobre el rendimiento social y ambiental de las inversiones.

Los inversores con impacto social dicen emplear cuatro prácticas:

-Tener la intención de obtener rendimientos financieros, sociales y/o medioambientales. Esto implica:

. Establecer objetivos claros, tanto financieros como de impacto.

. Argumentar la inversión de manera explícita acerca de estos objetivos y de las estrategias a utilizar para alcanzarlos.

-Al diseñar la inversión, hacer uso de los datos y pruebas del impacto:

. Identificar una necesidad social o ambiental con base científica o empírica y que la exprese la población o comunidad a la que va a servir.

. Hacer uso de las pruebas disponibles para: a) fijar las metas, b) establecer las estrategias de inversión -entendiendo los posibles efectos negativos- y c) elegir indicadores adecuados.

. Mejorar la capacidad de analizar los impactos y de ser más rigurosos.

-Gestionar los resultados de la inversión, lo que incluye:

            . Retroalimentación a lo largo de la vida de la inversión.

            . Identificar los riesgos y elaborar planes de mitigación.

            . Buscar la mitigación de las consecuencias negativas.

            . Difundir la información sobre los resultados.

-Contribuir al crecimiento de estas inversiones con impacto social:

            . Ser transparentes.

            . Compromiso con convenios, enfoques y normas al respecto.

. En los procesos de decisión, considerar el impacto en potenciales socios y grupos a los que se puedan dirigir otras inversiones.

. Compartir los datos y lecciones aprendidas.

El segundo documento es Sizing the impact investment market.

Estima que el volumen actual de estas inversiones con impacto social es de unos 500.000 millones de USD en todo el mundo. Los gestionan unas 1.340 organizaciones. Algunos inversores gestionan más de 1.000 millones de USD.

El informe reconoce que se trata de una estimación. El GIIN ha examinado las cifras de los inversores que estaban disponibles y ha utilizado esa información para estimar las cifras de aquellos cuyos datos no estaban disponibles.

El GIIN considera que este informe permite comparaciones, lo que ayudará a inspirar confianza y, por otra parte, facilitará el seguir la evolución del tamaño de este mercado.

CC BY-NC-SA


[1] https://amigosesf.wordpress.com/2019/04/22/inversiones-privadas-para-el-desarrollo-sostenible/, https://amigosesf.wordpress.com/2018/08/07/empresas-sociales-la-socap-2017/, https://amigosesf.wordpress.com/2017/08/25/las-inversiones-con-impacto-social-siguen-creciendo/, https://amigosesf.wordpress.com/2017/06/25/cual-es-el-impacto-de-las-inversiones-con-impacto-social/, https://amigosesf.wordpress.com/2017/01/23/4-tendencias-de-las-inversiones-con-impacto-social/,

[2] Yo suelo traducir “impact investments” por “inversiones con impacto social”, aunque soy consciente de que, además de lo social, incluyen lo medioambiental.

[3] https://www.investopedia.com/terms/e/environmental-social-and-governance-esg-criteria.asp

[4] https://www.unpri.org/pri/what-is-responsible-investment. Personalmente, no consigo ver claramente las diferencias -si las hay. entre “impact investing”, “responsible investing”, “socially responsible investing” y “social investing”.

Usos productivos de la energía y género

El año pasado, Carmen Becerril, bien conocida en el sector y miembro del Patronato de la Fundación Energía sin Fronteras[1], publicó en El Periódico de la Energía un artículo titulado “Acceso a la energía e igualdad de género”, que fue ampliamente difundido.

El que traemos hoy lleva por título “Linking energy access, gender and poverty: A review of the literature on productive uses of energy; sus autoras son Ana Pueyo[2] y Mar Maestre[3] y se ha publicado en Science Direct,

Marco conceptual para el género en los usos productivos de la energía (Pueyo y Maestre)

Por José Luis Trimiño                                                                     3 de mayo de 2019


El artículo de Carmen Becerril destacaba el nexo entre acceso a la energía y pobreza y señalaba su relevancia para la actividad doméstica, tradicionalmente a cargo de las mujeres: salud, estudio, tiempo en recoger leña. Hablaba de los modelos de negocio y los desarrollos tecnológicos que permiten que la electricidad llegue a “la última milla” de los hogares / consumidores. También del papel de los diferentes tipos de empresas en la prestación de ese servicio. Y se refería al cambio de cocinar con leña en sistemas inadecuados a sistemas modernos y limpios, su relación con las costumbres y la importancia que reviste para el rol de las mujeres en esas sociedades.

Por su parte, el artículo de Ana Pueyo y Mar Maestre empieza diciendo que el acceso a la energía facilita reducir la pobreza gracias a los usos productivos de la energía (UPE), que permiten a los usuarios generar ingresos. Señalan que, si la electricidad se usa solo para dar luz, las instalaciones permanecen inactivas mucho tiempo y las compañías tienen que poner precios caros. Así pues, a todos interesa utilizar la electricidad para otras cosas a lo largo del día. Pero no es fácil. Para que funcionen muchas empresas, la electricidad es necesaria, pero no suficiente. Intervienen otros factores, que se han ido analizando. Pero las consideraciones de género en estas actividades productivas no se han estudiado mucho; prácticamente solo se ha considerado a nivel doméstico.

Las autoras han examinado documentos relativos a las cuestiones de género en el uso de la electricidad para la generación de ingresos. Se centran en la electricidad -y no en la energía en general-, porque de ello hay muchos más documentos disponibles.

El estudio se plantea tres preguntas:

-¿Las mujeres y los hombres consiguen beneficios deferentes de los usos productivos de la electricidad (UPE)?

-¿Qué limitaciones dificultan el que las mujeres se beneficien de los UPE?

-¿Qué tipo de intervenciones funcionan para la equidad de género en los UPE?

Para responderlas, las autoras han examinado 79 estudios empíricos y 5 normativos que tratan de:

-El impacto de la energía en la reducción de la pobreza.

-El impacto del acceso a la energía en el empoderamiento económico de las mujeres.

-La eficacia de los proyectos en promover el emprendimiento femenino.

El estudio proporciona respuestas muy variadas a cada una de las preguntas. Los principales resultados pueden resumirse así:

-Hasta ahora, en los estudios sobre usos productivos de la electricidad, el género se ha considerado, principalmente, al nivel de la familia, analizando los efectos de la electricidad en la oferta de mano de obra.

-Al estudiar el rol de las empresas -las existentes y las creadas después de la llegada de la electricidad- en cuanto a oferta y absorción de empleo y en generación de ingresos, apenas se han considerado cuestiones o diferenciación por género.

-Es frecuente que las mujeres trabajen en empresas más pequeñas y menos consumidoras de electricidad que los hombres, por lo cual es probable que obtengan menos beneficios que los hombres de la llegada de la electricidad. De modo que es relevante la omisión indicada en el párrafo anterior.

-Hay documentación sobre empleo y género que permitiría estudiar las limitaciones que explican las diferencias de productividad entre las empresas dirigidas por hombres y las dirigidas por mujeres.

-Sin embargo, esa documentación suele basarse en enfoques experimentales -o cuasi-experimentales-, que no permiten recoger el entorno complejo en el que operan los proyectos que se dirigen a los UPE orientados al género.

Pueyo y Maestre presentan esos resultados en un marco conceptual[4] y recomiendan que las investigaciones al respecto empleen métodos mixtos.

Conclusiones:

-En el tema género – UPE, hay cuestiones no estudiadas.

-Hay que estudiar más:

. las empresas líderes en cuestiones de género,

. por qué las empresas llevadas por mujeres utilizan menos la electricidad,

. las normas sociales dominantes en las que operan los proyectos.

-Para entender mejor el entorno en el que operan los UPE hay que utilizar una mezcla de métodos. Propone varios indicadores a recoger para ello.

-Conviene tener en cuenta este estudio en el diseño e implementación de proyectos e intervenciones que consideren el género en los usos productivos de la energía, para que las mujeres accedan a actividades más productivas y que generen más beneficios.

-Lo que el estudio ha encontrado para la energía puede ocurrir también en otros sectores (agricultura, educación, economía digital…).

CC BY-NC-SA


[1] Fue también Presidenta.

[2] Investigadora del Institute of Development Studies (IDS) de la Universidad de Sussex (Reino Unido) y del ECOWAS Centre for Renewable Energy and Energy Efficiency (ECREEE), Cabo Verde

[3] Investigadora del Business, Markets & the State Cluster, Institute of Development Studies (IDS), Universidad de Sussex.

[4] La figura que ilustra esta entrada

¿Críticas a la ayuda al desarrollo? ¡Seamos serios!

Niños palestinos en Gaza –
Foto: Mahmud Hams (AFP), Getty Images

Es legítimo plantearse si la ayuda o cooperación al desarrollo realmente sirve. Los que trabajamos en este sector -en particular, en la Fundación Energía sin Fronteras- nos lo preguntamos con frecuencia.

En esa línea, hoy me refiero a un artículo de opinión aparecido en The Guardian hace unos meses, muy crítico con la ayuda al desarrollo. Esencialmente, consideraba que la cooperación -en particular, las intervenciones de pequeño tamaño- no suponen más que parches y que hay que focalizarse en hacer frente a las causas últimas del subdesarrollo, que están en las políticas públicas, las actuaciones de los países más poderosos y el sistema global.

De ese artículo se hicieron eco distintos medios. Pero recojo unos comentarios críticos con ese documento, que me parecen fundados y serios.

Por José Luis Trimiño                                                                    30 de abril de 2019


Hace unos meses, apareció en The Guardian un artículo titulado “Buzzwords and tortuous impact studies won’t fix a broken aid system”. El subtítulo rezaba: “Quince economistas punteros, incluyendo tres premios Nobel, sostienen que los muchos miles de millones de dólares que se gastan en ayuda al desarrollo pueden hacer poco para aliviar la pobreza, mientras dejamos de hacer frente a sus causas profundas”.

Los autores señalaban que la pobreza en el mundo es incurable -sigue siendo muy alta-, los donantes quieren ver mayores impactos, los profesionales del sector buscan que sus proyectos sean más eficaces, y los políticos, más rendición de cuentas financiera. Apuntan a que algunos promueven que el sector de la cooperación al desarrollo utilice más los ensayos de control aleatorios[1], pero estiman que eso es casi imposible en el campo del desarrollo, destacando que son caros e implican problemas éticos: a quiénes tratar y a quiénes, no.

Pero, sobre todo, critican las micro-intervenciones a nivel local, observables a plazo relativamente corto. Consideran que no toman en cuenta los motores macroeconómicos, políticos e institucionales de la pobreza y el subdesarrollo; aquellos proyectos pueden dar micro-resultados satisfactorios, pero apenas contribuyen a cambiar los sistemas que originan los problemas. Defienden que lo que hay que hacer es afrontar los problemas globales con estrategias y políticas públicas coordinadas. Por ejemplo: a) que las multinacionales paguen impuestos en los países en desarrollo; b) más que micro-créditos, hace falta una legislación laboral efectiva. En definitiva, no buscar el impacto a corto plazo de pequeños proyectos, sino evaluar las políticas públicas.

Terminan refiriéndose a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que consideran que el problema es mundial y que la lucha contra la pobreza, la desigualdad, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático precisa cambiar las reglas del sistema económico internacional.

Duncan Green[2] se refirió a este artículo en Twitter[3].

Ahora bien, me parece interesante recoger la entrada de Terence Wood en el blog australiano DevPolicy: “Nobel Prizes in economics ≠ the truth about aid”, que hace referencia a ese artículo.

Wood empieza por admitir que la ayuda al desarrollo, especialmente la pública, tiene que estar sometida a crítica. Pero señala que esta es más valiosa si es precisa y convincente y considera que el artículo en cuestión no lo es.

Para empezar, la pobreza en el mundo no es incurable. Ha bajado la proporción de personas que viven en pobreza extrema; tanto si se utiliza la línea de pobreza absoluta estándar (1,90 USD/día) o la preferida por los autores del artículo (5,-USD/día). Y, aunque no se alcanzaron todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), en la mayoría, las tendencias fueron positivas.

También destaca que, aunque la cifra de “cientos de miles de millones de dólares” de ayuda al desarrollo parece muy alta, no lo es tanto cuando se pone en perspectiva: en 2018 la ayuda pública al desarrollo de los miembros del CAD de la OCDE supuso el 0,31% de su Renta Nacional Bruta conjunta.

En cuanto a los ensayos de control aleatorios, reconoce que no son una herramienta adecuada para todas las evaluaciones, pero estima inapropiado considerarlos cargados de desafíos éticos.

Pasa luego al punto principal del artículo: que la ayuda al desarrollo hace que nos apartemos de cuestiones clave, como las políticas de los países en desarrollo o la acción de los países desarrollados en cuanto al cambio climático o la evasión fiscal.

Wood admite que estaría muy bien que los países en desarrollo tuvieran políticas mejores. Hace referencia a estudios que analizan la relación entre el crecimiento económico y las políticas públicas[4], que, dice, no han demostrado un efecto claro. Recuerda que en todas partes las políticas se derivan de las economías políticas y que las mejoras suelen venir de compromisos alejados de lo ideal y conformados por el contexto, no por las investigaciones.

También reconoce que los países ricos pueden y deben actuar más en cuestiones como el cambio climático. Pero hace notar que ni la ayuda al desarrollo ni los ensayos de control aleatorios impiden esas actuaciones. Apunta a que los obstáculos radican en la ideología política y en las empresas de combustibles fósiles, no en la ayuda al desarrollo.

Concluye reconociendo que la cooperación no resolverá todos los problemas del desarrollo, que puede y debe mejorarse y ser criticada. Pero que las críticas incoherentes e incorrectas son peores que la ausencia de crítica.

CC BY-NC-SA


[1] “Randomized control trials” (RCTs).

[2] Consejero estratégico de Oxfam GB; mantiene el blog “From poverty to power” (https://oxfamblogs.org/fp2p/), al que hemos hecho referencia varias veces en este blog.

[3] https://twitter.com/fp2p/status/1019099379544625152

[4] En particular: “A Sensitivity Analysis of Cross-Country Growth Regressions” (https://www.jstor.org/stable/2117352?seq=1#page_scan_tab_contents).

Inversiones privadas para el desarrollo sostenible

Publicación de Global Compact

Hace un par de días recogíamos aquí unas opiniones críticas sobre la participación del sector privado en el desarrollo, específicamente en las asociaciones público-privadas. Hoy traigo la otra cara de la moneda. Un documento que defiende su valor. Procede del ECDPM. Se titula “Leveraging private investment for sustainable development”.

El documento aporta puntos de vista y estudia enfoques e instrumentos para que inversiones privadas se alineen con los ODS, sin olvidar la necesidad de que empresas e inversores privados obtengan rendimientos financieros. Examina cómo hacer que las actividades e inversiones de las empresas sean más responsables, inclusivas y sostenibles y el uso de recursos públicos para estimular y poner en marcha inversiones privadas.

Por José Luis Trimiño                                                                    22 de abril de 2019


El ECDPM (European Centre for Development Policy Management) es un centro de investigación, basado en Maastricht -Mastrique, en español tradicional-, en los Países Bajos.

El informe al que nos referimos forma parte de su colección “Great Insights”, vol. 7, ed. 2. Sus autores son Jeske van Seters y Sebastian Grosse-Puppendahl.

Desde que se aprobó la Agenda 2030, en 2015, se insiste en que el desarrollo es cosa de todos -no solo de países pobres, agencias de cooperación y ONG; de movilizar a las empresas, la financiación privada, las inversiones empresariales. En suma, de aunar recursos, conocimientos y capacidades. En el mundo, la mayor parte de los empleos y de las inversiones proceden del sector privado. Por ello, juega un papel crítico en producción, inversiones, innovación, tecnología, financiación y provisión de servicios. De ahí que constituya un actor fundamental para el desarrollo.

No se puede dar por hecho que el sector privado sea responsable e inclusivo. Ni ello es un fin en sí mismo. El documento pone en evidencia que el sector privado no es un grupo homogéneo, sino muy diversificado. Destaca y muestra la importancia de que empresas, gobiernos, organismos de cooperación, instituciones financieras y sociedad civil colaboren de diferentes maneras, teniendo presentes sus diferentes mandatos, motivaciones e incentivos.

Trabajar de forma diferente a la tradicional y conseguir mayor impacto para alcanzar los ODS requiere ambición y aceptar riesgos. No solo es cuestión de financiación y de indicadores financieros -lo de los “billions to trillions”- sino de que las intervenciones e inversiones sean de la calidad y tipo adecuados, de modo que las actuaciones de unos y otros sumen, no distorsionen, y estén ancladas en las realidades locales.

El informe consta de un editorial y 18 artículos:

A) Presentaciones:

-El Plan de Inversiones Exteriores de la UE: Crear empleos sostenibles para erradicar la pobreza en los países próximos a la UE y en África /Neven Mimica, Comisario Europeo).

-La financiación europea del desarrollo y el modelo del BERD[1] (Suma Chakrabati, BERD).

-Políticas para movilizar al sector privado: Abrir la mente (Alexander de Croo, Bélgica).

-La FAO[2] promueve criterios sostenibles para movilizar la financiación para la agricultura (entrevista con José Graziano da Silva, FAO).

B) Movilizar la financiación privada:

-Las operaciones de los bancos multilaterales de desarrollo con la financiación privada: ¿prestamistas o movilizadores? (Nancy Lee, CGD).

-El compromiso de las instituciones financieras de desarrollo[3] para movilizar la financiación privada para los ODS (Soren Peter Andreasen EDFI).

-Involucrar al sector privado en la financiación mixta (“blended finance”): Justice Johnston (Convergence).

-Hace falta un pueblo: Por qué el pacto con África puede funcionar (Rob Floyd, ACET[4]).

-Movilizar la financiación del sector privado: Lo que han aprendido las organizaciones filantrópicas (A. Burgett y R. Salvado, Fundación Gates).

-Dar nueva forma a la “financiación privada para el desarrollo” de la UE (San Bilal, ECDPM).

-Desplegando capital riesgo en mercados desconocidos: rompiendo moldes (Cécile Ambert, Banco Africano de Desarrollo[5]).

C) Empresas responsables y con impacto:

-Conseguir cadenas de suministro sostenibles: perspectiva del sector privado (Norma Wouters-Snell, Noble Achievers).

-El liderazgo de la UE para promover conductas empresariales responsables en cadenas de valor globales (Jeske van Seters y Karim Karaki, ECDPM).

-La adaptación local de las multinacionales es clave para el desarrollo sostenible (Constantine Bartel, Universidad de Zurich).

-Una empresa de alimentación en África Occidental: el negocio implica desarrollo sostenible (Entrevista con Sylvie Sagbo, SENAR).

-¿El precio del petróleo? Desarrollo extractivo y riesgo de conflicto en Kenia (George Grayson, International Alert).

-Hacer negocios bien en Etiopía (Margaux Yost y Domicic Kotas, BSR).

-La empresa social de Chevron en Nigeria (Zachary Kaplan, DAI).

Otro informe interesante en esta línea es “Private Sector Investment and Sustainable Development”, del Pacto Mundial (Global Compact), aunque ya tiene unos años. Quizás hablemos de él otro día.

CC BY-NC-SA


[1] Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (https://www.ebrd.com/home)

[2] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (http://www.fao.org/home/es/)

[3] DFIs: https://www.oecd.org/dac/stats/development-finance-institutions-private-sector-development.htm

[4] African Center for Economic Transformation (http://acetforafrica.org/)

[5] BAfD: https://www.afdb.org/fr/